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UNA SERIE QUE HA SIDO SUPERVENTAS EN ALEMANIA

La nube blanca maorí

Christiane Gohl publica la primera parte de una trilogía histórico-romántica sobre la Nueva Zelanda colonial

La autora, que firma como Sarah Lark, agota tres ediciones en un mes

ANNA ABELLA
BARCELONA

«Cuenta una leyenda muy romántica que los primeros maorís que llegaron a Nueva Zelanda desde la Polinesia fueron una pareja. Él se había enamorado de la esposa de un amigo. Lo mató y escapó con ella de su isla sin saber adónde iban. La primera imagen que vieron de Nueva Zelanda, donde hay mucha niebla, fue la de una isla envuelta en una nube blanca». De ahí surge el título En el país de la nube blanca (Ediciones B), explica, en un más que correcto castellano, la escritora alemana Christiane Gohl (Bochum, 1958), en conversación telefónica desde Mojácar, donde vive desde hace 11 años, rodeada de caballos, perros y gatos, tras enamorarse de la costa de Almería.

La novela, de 750 páginas protagonizadas por dos mujeres que zarpan de Inglaterra para casarse con neozelandeses que no conocen, es la primera entrega de la Trilogía de los Maoríes, una saga familiar histórico-romántica ambientada en la Nueva Zelanda del siglo XIX colonizada por los británicos, que se extiende hasta la primera guerra mundial. En Alemania ya es superventas con dos millones de ejemplares y En el país de la nube blanca parece estar abriéndose hueco en España gracias al boca oreja. En solo un mes suma dos reediciones, de 3.000 y 5.000 ejemplares a la tirada inicial de 13.000.

Libros sobre caballos

Sin embargo, no busquen en el libro el nombre de Christiane Gohl, pues en él figura el de Sarah Lark, seudónimo que usa para esta serie porque la editorial alemana quiso darle una imagen diferenciada ya que en su país ha publicado con su nombre real numerosos libros sobre caballos -una serie de novelas para niños y jóvenes y reconocidos tratados prácticos para adultos sobre doma o equitación-. Sarah Lark no es su único seudónimo: firma como Ricarda Jordan otra serie histórica (La doctora de Maguncia, en Maeva).

La trama inicial de En el país de la nube blanca recuerda a la película El piano, donde Holly Hunter interpretaba a una escocesa que iba a Nueva Zelanda para casarse con un hombre al que no conocía. «Era habitual en la época que los hombres de las colonias pusieran anuncios en Inglaterra para encontrar esposas -explica Gohl-Lark-. También abordo en el libro el tema de los tristes casos de niñas huérfanas y pobres que la Iglesia Anglicana sacaba de los orfanatos y enviaba a trabajar a Nueva Zelanda, en casas de familias ricas».

La autora quedó prendada del país durante una etapa como guía turística. «Nueva Zelanda es un país pequeño en el fin del mundo. No solo me fascinó su naturaleza y su fauna, que es única, sino su interesante historia, que casi nadie conoce. En realidad tiene una historia muy pacífica, con pocas luchas». Y en ella, los maorís, con algunos de los cuales Gohl mantuvo contacto. «Hoy ellos documentan su historia y sus orígenes en internet porque tienen miedo de que sus hijos pierdan su cultura ya que en Nueva Zelanda todo es muy inglés», afirma. Y añade: «Los ingleses hicieron la vida más fácil a algunos pues no eran indígenas, venían de la Polinesia y, acostumbrados a un clima muy distinto, tuvieron que tomar muchas cosas de ellos, como la ropa, alimentos o utensilios de cocina».

«Soy un poco romántica, sí», confiesa riendo la autora. «Escribo para el público femenino porque las mujeres son las que leen más. Si escribes solo para hombres no vas a vender mucho. Aunque los hay que han empezado la novela y se han enganchado con la parte histórica», asegura esta licenciada en Magisterio y doctorada en Psicología, cuyos padres le dijeron que Veterinaria no era una carreras para mujeres.

Ahora la escritora ha convertido su finca de Mojácar, antes un picadero, «en un refugio para caballos que necesitan hogar. Cuando son viejos y ya no pueden trabajar o si necesitan cuidados ha gente que los quiere sacrificar». Con algunos organiza paseos o terapias para niños y tiene las cuentas bien hechas. «Cuanto más dinero gane con los libros más caballos puedo mantener».

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