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MÚSICA GRATUITA EN LA 'NIT BLANCA'

'Trekking' por etapas

'Montjuïc de nit' celebró la diversidad de la escena de BCN

Las distancias entre los escenarios dificultaron el flujo de público

JORDI BIANCIOTTO
BARCELONA

A primera hora de la noche, los 13 escenarios levantados en otros tantos puntos de Montjuïc lucían optimistas y confiados. Solo faltaba un ingrediente: el público. A los artistas programados en la primera franja, de ocho a diez, les tocó sufrir: espacios semivacíos, turistas despistados (fotografiándose ante las fuentes en la avenida de Maria Cristina mientras el escenario del Sónar echaba a andar) e interpretaciones esforzadas ante explanadas inhabitadas. Las alarmas consistoriales ya debían tintinear cuando la montaña mágica fue llenándose poco a poco hasta componer un retrato moderadamente vitalista. Unas 90.000 personas, según el Ayuntamiento, acudieron a Montjuïc de nit, programa de más de 70 actuaciones gratuitas enmarcado en la tercera edición de la Nit blanca.

Como intento de gincana musical, el experimento dejó cabos sueltos: escenarios en puntos atractivos, bucólicos algunos de ellos, pero muy distanciados unos de otros. El tráfico rodado estaba desaconsejado, no todos conocían el itinerario de las líneas de autobuses y las caminatas a pie quedaban descartadas en muchos trayectos. Así, el grueso del público se concentró en los escenarios más accesibles: el de la avenida de Maria Cristina (muy poblado con los menús electrónicos de The Requesters y Ángel Molina) y los dos ubicados en la Recta de l'Estadi (orientados a grupos de pop-rock alternativo como Mazoni, Standstill y Manos de Topo, con patrocinio de Primavera Sound y el BAM), a los que hay que sumar el del Sot del Migdia, cuyo cartel a base de pop, revival soul y rumba mestiza (Mendetz, Delafé y Las Flores Azules, The Pepper Pots y La Pegatina), a cargo del Festival del Mil·lenni y Cruïlla de Cultures, convocó a varios miles de personas.

Pero si algo logró Montjuïc de Nit fue establecer como normal que una convocatoria de gran formato se alimente en exclusiva de artistas surgidos o desarrollados en Barcelona. Fue una inédita exhibición de poder y diversidad artística cuya ejecución habría sido mucho más difícil hace unos años.

Cuota de militancia

En el Poble Espanyol, los aficionados al jazz se sentaron en el suelo para atender al flamenco-jazz de Guillermo McGill, mientras, en el Mirador del Migdia, el folk de Tradicionàrius y la experimentación de Gràcia Territori Sonor acuñaban una extraña alianza pasando de Marc Egea a Bèstia Ferida. Los escenarios más apartados del eje central lo tenían más difícil, ya que no pillaban de paso y había que desplazarse expresamente hasta ellos. Requerían una cierta militancia, lo cual no es una novedad para Barnasants, que convocó a los fans de la canción de autor en el Polvorí con un cartel que viajó de Joan Isaac a Dani Flaco pasando por Sílvia Comes.

La juventud de la mayor parte del público explica que los escenarios no se animaran del todo hasta rondando la medianche, cuando apenas quedaban dos horas de programación. Para Jordi Martí, delegado del cultura del Ayuntamiento, Montjuïc de Nit certificó el «gran momento de la música en Barcelona». De la música, y del trekking urbano.

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