Al contrataque

Cabrones (con perdón)

Domingo, 3 de febrero del 2013

Un cliente acude al despacho de un abogado. Consulta profesional.

Abogado: «Usted dirá».

Cliente: «Necesito insultar. Quiero y deseo poder insultar».

A.: «¿Qué tipo de insultos?»

C.: «'Hijo puta', 'hija puta', 'cabrón', 'malparit de merda' y eso».

A.: «Pues así, directamente, no se puede».

C.: «Pero ellos lo hacen directamente. ¿Sabe qué pasa? Que estoy hasta los cojones de pagar a Hacienda mientras que otros se lo meten en el bolsillo. ¡Precisamente los que deberían dar ejemplo y tienen la obligación de velar contra el delito! ¡Lo cometen ellos mismos!»

A.: «Presuntamente».

C.: «¡Y una mierda! ¡Estoy hasta los mismísimos huevos de tanto presuntamente y tanta mierda de presunción. Millet reconoció el delito y está en la calle, y a Naseiro por una grabación le dejaron en la puta calle. Bárcenas, Palau, Gürtel, el duque empalmado, los ERE y ahora los sobrecitos».

A.: «Que ellos cometan un delito no le da a usted derecho a cometerlo. Además, no es su estilo».

C.: «Déjese de estilos. ¿Qué me puede pasar si les llamo 'cabrones'? O 'Fulano de tal es un cabrón' o 'un cabró'».

A.: «Está afectando a su derecho al honor».

C.: «No tienen honor porque son unos cabrones. ¿No lo entiende?»

A.: «La Constitución no reconoce un pretendido derecho al insulto».

C.: «¿Y qué me puede caer?»

A.: «De tres a seis meses. Y los insultos con publicidad, o sea radio, tele, periódico o similar, de seis a catorce meses».

C.: «¿Por cada insulto?»

A.: «Eso depende del contexto».

C.: «Vaya mierda... Freud dijo que el primero que insultó en lugar de lanzar una piedra invento la civilización».

A.: «Eso sí, es mejor insultar que lanzar piedras».

C.: «¿Lo ve? Ya viene a las mías».

A.: «Eso está claro: mejor un buen 'hijo de puta' que una pedrada».

C.: «Vaya 'hijo de puta' que le ha salido. ¡Qué énfasis!».

A.: «Es que usted me enciende, oiga. Porque lo cierto es que algunos son de miedo».

C.: «¿De miedo? ¡Qué lenguaje más ridículo! Mire, el insulto hace justicia. Evita la generalización. Si uno pudiese decir 'Fulano de tal es un cabrón de mierda', 'Fulana de tal es una perfecta hija de puta' o 'Fulano de tal és un lladre malparit' no se caería en la descalificación global. Como dice Cospedal, «que cada palo aguante su vela». Hay gente que, en la vida y en la política, merece todo el respeto. Es justo, pues, poder insultar a la escoria».

A.: «Para alguien, usted puede ser la escoria».

C.: «Ya, escoria y encima sin caja B. Vamos, que lo mejor es calmarse, ¿no?»

A.: «Sin duda. Insultar no tiene ninguna gracia. Siempre es mejor el sarcasmo ingenioso o la crítica humorística. O sea, la sátira».

C.: «De acuerdo. Respirar profundamente, relajarse y no llamar 'cabrón' a nadie».

A.: «Eso es».

C.: «Ni 'hijo de puta'».

A.: «Nada de eso».

C.: «Ni...»

A.: «¡No!»

C.: «Vale».