
Chris Froome no es un ciclista de nombre extraño, o al menos no debería serlo. Es un fenómeno, un prototipo del corredor que ya mira hacia la segunda mitad de la segunda década del siglo XIX. En septiembre del año pasado reaccionó demasiado tarde para ganar la Vuelta. Y acabó segundo. Este sábado, en el primer final en alto ha ganado por delante de su jefe de filas, Bradley Wiggins, 'Wiggo', el nuevo líder del Tour, el gran triunfador de una temporada 'made in Eddy Merckx'. La pregunta que se debe resolver en los próximos dos días (la jornada encerrona de montaña, este domingo en Suiza, y la contrarreloj de Besançon) es cuál de las dos estrellas del Sky está más fuerte.
La inédita subida a La Planche de les Belles Filles ha hecho más daño de lo que se esperaba, testimonio, en el ciclismo contemporáneo, de que no es necesario colocar 400 puertos en una etapa. A la mayoría de figuras que acudían con intenciones en este Tour ya se le ha puesto tan cuesta arriba la clasificación general que más vale que empiecen a pensar en otros retos de aquí a París. Entre los pocos ciclistas que han resistido el tren del Sky han estado, cómo no, Cadel Evans, defensor del título, y Vincenzo Nibali, el escalador italiano del Liquigas. Por el momento son los corredores que parecen con mayor potencia en la montaña.
Entre los pocos que casi han resistido al Sky -se ha desenganchado a poco más de un kilómetro de la cima- también ha estado Haimar Zubeldia, escondido y calladito en lo que a de Tour y que ahora pasa a ser el jefe de filas del potentísimo RadioShack, ante las dudas y los golpes de Frank Schleck. Irregular ha estado Samuel Sánchez. Lejos de hundirse, ha cedido 1.31 minutos, porque al ciclista asturiano del Euskaltel no le van las subidas explosivas como la de este sábado en los Vosgos.
Pero si ha hubido un corredor aliado con la mala suerte, mejor dicho, gafado, este no es otro que Alejandro Valverde, convaleciente de la tremenda caída que sufrió el viernes. Justo en el instante en el que comenzaba el puerto, cuando el Sky acababa de colocar el ritmo infernal, va y pincha. Imposible enlazar. Otros dos minutos perdidos, 35º de la general y a casi cinco minutos del jersey amarillo.
“Esto es una mierda. Está claro que no se me da bien el Tour. He pinchado justo cuando se empezaba a cortar la gente”, ha exclamado Valverde en la meta. Peor suerte imposible. En la general, Wiggins supera a Evans por apenas 10 segundos, mientras que tercero es Nibali a 16. Zubeldia ocupa la sexta plaza a solo 59 segundos y Samuel Sánchez es el 12º, a dos minutos.
Mañana domingo se disputa la octava etapa, entre Belfort y la localidad suiza de Porrentruy, de solo 157 kilómetros pero con siete puertos en el camino. El más importante, una trampa de considerable dimensión, es el Col de la Croix, a tan solo 16 kilómetros de la meta. Se trata de una subida corta, de solo 3,7 kilómetros, pero con rampas por encima del 17%, un Angliru en corto.