
Valga la opinión de Jean-François Pescheux, uno de los principales responsables de la ronda francesa y que conoce el trazado de la prueba de memoria. Habla de la séptima etapa, cita para San Fermín, el próximo sábado, 7 de julio. «Causará estragos y hará correr ríos de tinta. Rampas del 13%. Será tremendo», dice Pescheux. Se refiere a la llegada inédita a La Planche des Belles Filles, en los Vosgos, cordillera que siempre tenía costumbre en presentar sus dos cimas más famosas el Gran Ballon y el Ballon de Alsacia.
Información publicada en la página 45 de la sección de Deportes de la edición impresa del día 28 de junio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Quiso el Tour imitar a la Vuelta y el Giro, las pruebas que con inventiva tratan de motivar a los aficionados. Llevan ya unos cuantos años creando alicientes. El Giro, por ejemplo, ha enviado a los corredores por pistas sin asfaltar y la ronda española, en la próxima edición, reserva nada menos que 10 llegadas en alto. El Tour, que siempre presumía que con cumbres como el Tourmalet (que, por supuesto, se sube este año) ya tenía bastante, aunque con moderación, se suma a la moda de las dos carreras amigas (no son adversarias, incluso ASO, propietaria de la ronda francesa, posee la mitad de las acciones de la Vuelta) y presenta en sociedad cumbres como La Planche des Belles Filles, donde los corredores deberán retorcerse sobre sus bicicletas para enfilar las cuestas que conducen a meta.
Sigue hablando Pescheux, al catalogar la etapa del domingo, 8 de julio (se presume un fin de semana colosal): «Se trata de la jornada clave». Será en Suiza, en Porrentruy, con un muro llamado Col de la Croix, con desniveles que alcanzan el 17%. Y en la tercera semana, en los Pirineos, aparece el Muro de Pèguère, del 18%. Lo nunca visto en el Tour. Por eso hay algo más que contrarrelojes.