Ferran Monegal
No hay desviación, ni rebaja de planteamientos, en la nueva temporada de Gran hotel (A-3 TV). La misma calidad. La cuidadísima iluminación. La exquisita puesta en escena. La buena construcción de diálogos y tramas. Y la interpretación, con la extraordinaria sutileza de matices que el sobresaliente elenco de actrices y de actores plasman. Permítanme que hoy enfoque solo a un protagonista, a Juan Luis Galiardo, que ha debutado como metre en esta serie, y que ha significado su último trabajo televisivo porque, desgraciadamente, murió hace tres meses. Su presencia en este primer capítulo se ha limitado a dos instantes, tiempo escénicamente escaso, pero que a él le ha sobrado y bastado para demostrar su colosal talento y calidad. El primero, cuando llega al Gran hotel con su moto Harley-Davidson, matrícula O -14, y presenta sus referencias laborales a la gobernanta doña Ángela (Concha Velasco). Le dice ella, sorprendida: «Trae usted unas referencias inmejorables. ¿Puedo saber por qué dejó el servicio en casa del duque de Segra?». Y Galiardo responde con rotundidad: «Porque no me entendía con el ama de llaves. En un año y medio no la vi sonreír jamás». Y dicho esto, le pega un repaso visual a doña Ángela, un vistazo intenso, travieso, pícaro, hacia su zona de popa, o sea, calibrándole el trasero sobre la marcha, y resultó un instante delicioso, una filigrana de gestos y miradas. El otro momento surge cuando advierte que uno de los camareros a su cargo mira con una pasión indisimulable a una damita de alta alcurnia que acaba de llegar. Galiardo, mientras arregla la torcida corbata del muchacho, le advierte: «De joven, una vez me enamoré de una baronesa muy hermosa... Y mira, he acabado recolocando la pajarita a un camarero. ¡Saca tú mismo las conclusiones!». ¡Ahh! ¡Cómo hemos disfrutado en casa!
Tú y yo somos tres. Por Ferran Monegal.
Información publicada en la página 78 de la sección de Televisión y Radio de la edición impresa del día 05 de octubre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
COMER COMO UN DIPUTADO .- Interesante ejercicio de Gonzo en El intermedio (La Sexta). Visitó una escuela de Vallecas y vio que a los niños les cobraban 4,80 euros por comida. Con el tupper preparado en casa, 3,80 euros, lo cual es realmente alucinante. Acto seguido se llevó los niños a la Asamblea de Madrid. Allí descubrieron que los señores diputados comen por 3,55 euros, con cinco primeros y cinco segundos a elegir, y las copas también las tienen subvencionadas. «¡Queremos comer como un diputado!», gritaban los niños frente al Parlamento madrileño. Los diputados, con la boca llena, callaban.