Ferran Monegal
Ni una brizna de intensidad, ni un miligramo de emoción, ha perdido la versión castellana de Polseres vermelles que acaba de estrenar A-3 TV en horario de riguroso prime time, cosechando además una excelente audiencia y liderando la noche. Enorme satisfacción pues para su creador, Albert Espinosa, para el director, Pau Freixas, y para el resto del equipo y excelentes intérpretes. Y me atrevo a decir que también para TV-3, la cadena que creyó en esta extraordinaria historia, que la impulsó sin reservas, y que ahora está inmersa en la fase de construcción de la segunda temporada. Solamente un apunte, una pincelada, sobre algunas voces roncas, algunas orejas sordas como una tapia, que se han extrañado, y se han lamentado con acritud, de que se haya mantenido la banda musical en catalán (subtitulada en castellano). ¡Ah! Después de tantos años soportando teleseries sobre hospitales en las que de lo único que se trataba era ver con qué enfermera se acostaba el cirujano, o cómo escarbaban en la enfermiza contemplación de falsos accidentados cubiertos de kétchup; si después de esta trayectoria, cutre y de bajos vuelos, resulta que el gran reproche a Pulseras rojas es que las canciones de la banda sonora se han mantenido en catalán, ¡ah!, entonces solo cabe entonar un aleluya colosal y estupendo. A lo mejor si las canciones fueran en inglés, o en serbio-croata, los fieros ladridos se habrían transformado en dulces maullidos de alabanza.
El billete de Ferran Monegal
Información publicada en la página 78 de la sección de Televisión y Radio de la edición impresa del día 11 de julio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
FERRAN ADRIÀ.- Y le preguntó en un momento dado Julia Otero a Ferran Adrià (Entrevista a la carta, TVE-1): «Oye, perdóname, pero no vocalizas nada». ¡Ahh! Me parece que es la primera vez en la tele que alguien le sugiere al mejor cocinero del mundo que pase por la consulta de un logopeda. Hombre, la dicción de Adrià es, efectivamente, pintoresca: habla hacia adentro en lugar de hacia afuera. Pero no se tomó mal la advertencia. Todo lo contrario. Con sentido del humor, y profundo realismo, puntualizó: «En la vida, lo que no puedes cambiar no vale la pena preocuparse por ello». Recordó entonces Julia Otero aquella divertida respuesta que dio una vez Xavier Trias cuando alguien le afeó que pronunciaba mal las erres. Contestó: «Si pronunciando las eges así he llegado a ser dos veces conseller de la Generalitat y, ahora, alcalde de Barcelona, me parece que la visita al logopeda sobra». ¡Ahh! Tiene toda la razón.