tú y yo somos tres

El pelo, el pubis y el columpio

Miércoles, 6 de febrero - 00:00h.

Estaban Isabel Coixet y Bibiana Ballbè columpiándose plácidamente en dos trapecios estratégicamente situados en una sala de estar muy fashion y cool (Bestiari il.lustrat, El 33), y sumidas ambas en esta hermosa holganza, hablaban de sexo, de amiga a amiga. Bibiana disfrutaba preguntándole a Isabel detalles del rodaje, de la preparación, de los guiones de las escenas de sexo en las películas. Y la directora le contaba que ella es muy meticulosa en ese terreno. Le decía: «Cuando me mandan un guion detesto cuando ponen eso de 'y se lanzan en la cama y hacen el amor'. A ver, a ver, ¿qué tipo de amor?, ¿de qué manera?, ¿cómo? En ese terreno, intento siempre dar detalles específicos». ¡Ahhh! Se balanceaba Bibiana sobre el trapecio escuchando con fruición las explicaciones de la directora de cine, y de pronto detuvo un momento el columpio y preguntó, sin poderse refrenar por más tiempo: «En tu película Mapa de los sonidos de Tokio hay un momento en que Sergi López se saca de la boca un pelo del pubis de la chica. ¿Eso estaba en el guion?». ¡Ah! Deliciosa pregunta. Se notaba que la curiosidad de Bibiana sobre este asunto era infinita. Isabel, meciéndose con suavidad, le contestó: «Sí. Estaba en el guion. Eso a ti te habrá pasado alguna vez, espero». Y entonces a Bibiana le sobrevino una fantástica alegría y brincando sobre la tabla del trapecio exclamó: «Sííí, sí que me ha ocurrido, sííí. ¡Ésta secuencia la he vivido! ¡Por suerte la he vivido!». Y ambas damas construyeron allí mismo, quizá sin pretenderlo, una hermoso ejemplo de poética sexual metafísica, al vaivén de unos columpios mágicamente impulsados por esa hermosa historia de la boca en la que afloraba un humilde pelo de pubis. La tele tiene a veces unos golpes magníficos.

Yo creo que ese instante que ambas damas del trapecio tan ingenuamente han conseguido debería ser adjuntado a la causa que se instruye sobre aquel sonoro asunto de los disparos y ráfagas de zumo de hortalizas contra las fotografías de egregios e ilustres prohombres y figuras. Más que nada, para dimensionar en su justa medida lo que este pequeño programa de televisión pretende, y que muchas veces ha conseguido a lo largo de su todavía corta vida.

Francamente, con las podridas y corruptas verduras que nos está deparando la cosecha nacional estos días, los frutos del Bestiari il.lustrat, en su conjunto, no pueden calificarse de malignos.