No sé por qué lo llaman Nada es igual ni por qué lo presenta Emma García. La cadena Tele 5 debería poner al frente de este programa a la médium Anne Germain, y llamarlo Más allá de la vida bis, porque lo que hicieron esta semana con la difunta Encarna Sánchez puede considerarse una labor típica de ultratumba. Es una fijación enfermiza la que tiene esta cadena por asaltar cementerios y escarbar las tumbas. Les atraen los cadáveres. Son un filón. Llenan horas y horas de tele especulando sobre los difuntos. Es comodísimo. Y muy barato: el muerto, como está muerto, no les cuesta ni un euro. Y encima no se queja. No dice ni pío. Todo lo dicen los cotillas. Lo de Encarna Sánchez, más que una fijación, es una patología. Llevan más de una década -incluso desde antes de los tiempos de Aquí hay tomate- removiendo los huesos de esta radiofonista que murió en 1996 y que T-5 se ha encargado de que no haya podido acceder al descanso eterno, un derecho que se supone que tiene toda criatura difunta. Esta semana han llenado cuatro horas seguidas con el tema de Encarna y la Pantoja. Otra vez las mismas imágenes de refrito, mil veces emitidas, añadiendo lo que llamaron «¡una gran exclusiva!»: la entrevista radiofónica en la que se conocieron las dos y en la que «¡nació el flechazo!». Después de emitirla Jaime Peñafiel, haciendo el papel de abochornado, decía: «Eso no fue una entrevista, ¡fue una declaración de amor! ¡Da vergüenza oírlo!». Hombre, aquí lo que da vergüenza es que T-5 lleve más de diez años viviendo de los restos que puedan quedar de la radiofonista, gusanos incluidos. Si Encarna tuviera descendencia o familia y contratasen a un buen gabinete de abogados, T-5 seguramente tendría que pagarles una millonada por el uso, abuso y los derechos de imagen de la difunta. Toda esta necrofilia también le sirve a la cadena para ir lanzando perdigonadas a la Pantoja, que ahora que ya han roto el contrato que les unía vuelve a ser objeto del pim-pam-pum y siempre puede caber la suerte de que un día llame cabreada a algún programa de la cadena y les dé un repunte y una alegría.
Todo esto es cansino y tétrico, pero lo más tremendo es que más de un millón y medio de personas siguieran tragándose esa papilla requemada y antigua. Ya sabemos que T-5 no tiene escrúpulos, pero es tristísimo comprobar cómo mucha ciudadanía se apunta al necrófago aquelarre que impulsan los caníbales.