Ajenas a la catástrofe de Bankia, a la imparable escalada de la prima de riesgo, a la miseria general que nos envuelve, las familias españolas de Perdidos en la tribu (Cuatro) viven entre las tribus salvajes una rústica placidez. Los pijitos Berhanyer, residentes ahora en la tribu tamberma, están muy entretenidos con el tema de la dimensión del cacahuete de los caballeros. Marie Berhanyer, que se ha tomado el asunto muy a pecho, se pasea por entre las señoras indígenas asegurándoles que la herramienta de su esposo es muy hermosa. Y las damas salvajes se ríen a mandíbula batiente porque saben que sus pollastres serán toscos, y nada finolis, pero en el terreno de la bragueta son imbatibles totalmente. No obstante, la novedad más resaltable de esta semana se ha producido en la tribu de los etíopes suri, donde están instalados los Navarro, de Sevilla. ¡Ahh! Ha ocurrido un fantástico suceso. Uno de los jóvenes guerreros, un muchacho llamado Olekoro, de muy buena planta y atractivo porte, se ha enamorado perdidamente de Chabeli, y le ha ofrecido a su padre 10 vacas por ella. Hombre, el argumento es de peso. Ha causado sensación en todo el ámbito tribal. Otros muchachos indígenas, compañeros de Olekoro, le aconsejaban que ofreciese cinco vacas. Decían que 10 era un exceso. Pero el muchacho siente por Chabeli una pasión tan salvaje como encabritante y sincera, y claro, la mira con ojos de cordero degollado y todo le parece poco con tal de poder casarse con ella. Hay que decir que aunque al principio al padre, al señor Navarro, no le acababa de gustar la idea, después de escuchar lo de las 10 vacas, ahora se lo piensa. Le decía a su esposa: «Oye, 10 vacas son 10 vacas ¡no está mal!». Y en cuanto a Chabeli, sin haber dado el sí quiero todavía, la verdad es que está considerando la proposición. Advertía, con un punto de orgullo: «Me siento halagada. Este muchacho no es un cualquiera. Es un guerrero luchador de la tribu. Y además es uno de los indígenas más guapos». Y ahora han comenzado una suave relación, digamos un approche, mientras ella juega a ser un poco ambigua, reticente, y le dice: «Yo soy de ciudad, pero tu eres muy de campo». ¡Ahhh! Qué golpe más bueno decirle al indígena salvaje : ¡tu eres muy de campo, Olekoro!
Ajenos a Bankia y a la prima de riesgo, una sevillana y un indígena pasean por la sabana cogiditos de la mano tiernamente. ¡Ahh! Es muy posible que la felicidad sea eso.