-¿Cómo describiría a su personaje?
-Raúl tiene una relación tormentosa con Carola (Belén López), que tiene dos hijos adolescentes que son como si fueran sus hijos. La llegada de la jueza (Belén Rueda) provoca el inicio de un caso que le tiene absorbido todo el tiempo. La presencia de la magistrada va a hacer aún más mella en la relaciones con Carola: de alguna manera se va a establecer una especie de triángulo.
-¿Raúl cree en los hombres lobo?
-No. Es muy racional, pero sí ha pasado por acontecimientos en su infancia que le hacen dudar: no sabe si recuerda algo o si fue un sueño.
-Defina esta curiosa serie.
-A mí me resulta muy difícil ponerle una etiqueta, porque creo que tiene muchos ingredientes y muy potentes. Su gran componente es el thriller, acompañado del elemento fantástico como telón de fondo. Pero es mucho más que todo eso, porque es una serie muy familiar donde pesan las relaciones humanas, los deseos...
-¿A qué otra ficción se parecería?
-Tiene elementos de unas y otras, pero lo poderoso, a nivel de guion, radica en reunir tan bien todos esos elementos. Es un cóctel.
-¿Un cóctel similar a Crepúsculo?
-En algunas cosas. Pero esa saga se queda en la fantasía y el romanticismo. Esta va más más allá y tiene una dimensión mucho más profunda.
-¿Impone trabajar con una figura como Belén Rueda?
-Es maravillosa. Coincidí con ella un poco en Los ojos de Julia, con un pequeño personaje que supuso ya un acercamiento. Es una persona que te lo pone muy fácil. Una de esas compañeras que la miras a los ojos y te transmite confianza. Y es muy buena actriz. Yo he tenido mucha suerte: coincidí además en Acusados (Tele 5) con Blanca Portillo, que hacía también de jueza. Siempre tengo al lado mujeres poderosas.
-¿Qué ha sido lo peor del rodaje?
-El frío que hemos pasado rodando en la sierra de Segovia por la noche.
-Usted encarna Mario Conde en la miniserie que ha grabado A-3 sobre el exbanquero. ¿Será polémica?
-Mucho. Está basada en su libro Los días de gloria, donde pone el ventilador a todo. Es muy atrevida esta tvmovie, porque airea muchos trapos sucios. La verdad es que es bastante escandalosa. Para mí ha sido uno de los trabajos más contundentes que he hecho: me he tenido que empapar a saco del personaje. Además, el ritmo de rodaje de 12 horas diarias fue extenuante. Me ayudó mucho el director, Salvador Calvo. Al final, disfruté muchísimo.
-¿Sabe qué opina Mario Conde de la miniserie? ¿La ha visto ya?
-Tuve una llamada suya después de verla y está encantado con ella. Yo antes conocía poco de él: solo el cliché social de Conde-ladrón y esas cosas. Tener que documentarme me enseñó muchas cosas sobre Conde, más allá de lo que hizo o no hizo. Por lo menos, me permitió conocer muchos más trapos sucios de la clase política de aquella época.
-¿Ha cambiado su opinión sobre él después de ponerse en su piel? ¿Le comprende ahora mejor?
-Sí, le comprendo mucho más. Y sobre todo creo que se cometieron bastantes injusticias, al margen de que Conde reconozca en su libro alguna que otra mala gestión. Pero creo que se cebaron en él: le correspondía el tercer grado legalmente y se le retiró porque sí. Estar preso 15 años fue demasiado tiempo. Se pudo juntar su ambición, que no se puede negar, con un ensañamiento político.