-¿Qué tal le cae su personaje de Olivia, la secretaria de juzgado de Luna, el misterio de Calenda?
-La admiro porque la vida le ha dado muchos problemas y ella ha sido capaz de superarlos. Resulta muy duro tener un hijo adolescente con una enfermedad degenerativa bastante impresionante y con el antecedente de la muerte de su padre por ese mismo problema físico. Es curioso, porque tiene todos los motivos para ser una mujer depresiva y, sin embargo, es todo lo contrario: está llena de vida y de ilusión y con una fuerza que a mí, como futura mamá, me emociona enormemente.
-¿Qué es lo que le sedujo más de esta serie de Antena 3?
-Es un proyectazo porque los guiones son muy buenos: a mí me gustan mucho el thriller, el misterio, la acción y las cosas inexplicables, esas circunstancias que arrastran a los personajes y les llevan a hacer cosas que nunca se habían imaginado.
-¿Al suyo le pasa eso?
-No. Mi personaje rechaza las leyendas, a pesar de estar en contacto con ellas porque su padre desapareció hace años. Ella no cree en Dios ni en los milagros. Es completamente realista y atea.
-¿Usted es también así?
-Me considero luchadora como ella y, a estas alturas de la vida, no creo en hombres lobo ni en vampiros. Tengo mis creencias y mi fe personal, que no empatiza ni con nadie ni con nada. Soy más voluble que mi personaje, que es más pragmático. Pero me ilusiona la vida como a ella. No es para menos, ya que estoy embarazada (de seis meses, actualmente). Por eso me atrajo tanto el papel de Olivia, por el especial punto vital en que me encuentro.
-¿Cómo lleva lo de trabajar en su estado de buena esperanza?
-Fenomenal. Tienes que cuidarte y descansar, pero los compañeros son muy cariñosos y me lo facilitan mucho. Me siento privilegiada por poder trabajar en un momento así.
-¿No han pensado en llamarla Calenda, si es niña?
-(Ríe). ¡Uy, no! ¡Qué empacho!
-En esta serie hay muchos actores jóvenes. ¿Qué opina de esta nueva hornada?
-Es gente muy profesional. Son niños que llevan mucho trabajo a sus espaldas y saben muy bien lo que se hacen. La verdad es que a mí me gusta cómo interpretan.
-¿Cómo es la relación con su hijo?
-Complicada. Es un chico que, al estar enfermo, tiene mucha fantasía en la cabeza y mucha ilusión por curarse. Yo choco mucho con él y le advierto de que la vida es dura.
-¿Y con Sara, la jueza que interpreta Belén Rueda?
-Mi relación con ella es muy bonita y muy femenina. Las dos se dan cuenta de que son mujeres que se necesitan en un punto muy íntimo. Crean, al final, un hogar que es el centro de la serie, algo muy importante donde se fraguan muchas cosas. Ambas se hacen muy duras.
-Al principio se comparó esta serie con Crepúsculo...
-Es algo más. Tiene personajes muy de tierra, que no son heroínas ni héroes con poderes. Son personas que están en unas circunstancias diferentes y excepcionales. No es un mundo de magia, sino terrenal.
-¿Le decepcionó que Física o Química acabara de forma precipitada?
-No. Yo soy una persona que me adapto muy bien a todo tipo de contingencias. En un momento dado supimos que se iba a terminar y todos lo dimos por bueno. Creo que había llegado su momento. Marcharse con la cabeza alta es bonito.