Seguramente BTV registró anoche un récord de audiencia, pero nunca se sabrá. Desde hace unos meses la tele municipal de Barcelona suspendió el contrato con la empresa que certificaba el número de espectadores por programa. Lástima. Anoche se disfrutó de un combate esperado hace mucho tiempo.
Información publicada en la página 3 de la sección de Tema del día de la edición impresa del día 27 de junio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Más que boxeo fue un pressing catch huérfano de la dignidad de la lucha libre mexicana. Los contendientes lucíeron la máscara de Monegal y Sardà para acabar sin un perdedor claro sobre la lona de los milagrosos estudios de BTV.
A la izquierda del falso cuadrilátero, el crítico que, ¡alerta!, cada noche de los martes llena el Camp Nou, según esgrime como tarjeta de visita, gracias al milagro de la red de las teles locales que tanto deben al inolvidable Carlos Torreiro. A la derecha, el periodista que durante ocho años llenó más de 11 Camp Nou, de lunes a jueves, con Crónicas marcianas.
De acuerdo con el guión del campo propio, Kid Monegal bailó con la sonrisa de un Pepe Legrá con bigote cano: lo que él define como masaje y que en realidad reserva un gancho de derecha al mentón. Rocky Sardà saltó desbocado, dispuesto a resolverlo todo en el primer asalto. También llevaba bien preparada la batalla dialéctica. «He venido como el quiere quitarse de encima al cobrador del frac», disparó justificando su presencia en el que era el último Telemonegal de la historia. «Pues no, volvemos el próximo 11 de septiembre», advirtió el papá del canario Papitu antes de parodiar cómo se entrenaba el rival en su casa de Canet con la banda sonora del primer Rocky de Stallone.
Y en el ventall de bofetadas se escuchó primero a un Sardà furibundo --«si lo he parecido, no era mi intención», me dijo después del programa--, que repasó insultos que nunca olvidará, que defendió a Mercedes Milà llamando al entrevistador Monegalito, antes y después de que el crítico aconsejara a los espectadores su libro Infancia de mierda aunque no lo había leído del todo, que pidió tres veces que se acabara el encuentro porque «había quedado», que defendió a todas las criaturas que elevó con el malogrado Pozí como emblema, que defendió a la audiencia «que tú no respetas»....
Y esa bondad con reflicha, bondad malvada, del titular de la plaza subrayó la falta de escrúpulos del rival, lo tildó de señorito andaluz, de mimado de Gestmusic, de multipremiado por el Grupo Pris... Y cuando el enfado de Sardà se tradujo en un «me reservo la opinión de este programa innoble», Monegel advirtió que lo suyo es «homeopatía televisiva».
La estrella del último Telemonegal brindó un cierre a lo marciano. Se levantó de un brinco como Boris Izaguirre y plantó a Monegal. Sin levantarse ni quedarse en calzoncillos, tendió la mano al que se largaba. Y sí, los dos enemigos acabaron en un casi abrazo. ¿Sincero?