Ferran Monegal
En El convidat de esta semana (TV-3) no ha habido sesiones intimistas en el domicilio de la criatura entrevistada. Ni plácidas inmersiones después de cenar, en la fértil modorra, doméstica y conversativa, antes de acostarse. En El convidat de esta semana, Albert Om ha estado en la lujosa frialdad del Hotel Baur Du Lac de Zúrich, intentando aproximarse a un hombre muy singular que pasa 250 días al año fuera de casa, o quizá sería mejor decir que los hoteles son su hogar. Estamos hablando de Josep Carreras, nuestro tenor más universal. ¡Ah! Esta circunstancia existencial tan particular ha permitido precisamente un retrato del personaje muy afinado. La internacionalidad de Carreras, su permanente itinerancia, dibuja una personalidad muy especial: ha hecho de la soledad su estado natural, a pesar de estar siempre rodeado de fervoroso público e incondicionales fans. Le preguntó Om en un momento dado: «¿Para usted el trabajo es más importante que el amor?». Y Carreras, sin dudar ni un instante, contestó: «Sin pretender herir a la gente que me quiere, la verdad es que mi trabajo nunca me ha defraudado. Siempre ha sido un refugio extraordinario. Como decía Pep Guardiola, en mi trabajo sé que soy el puto amo». ¡Ahhh! Por eso quizá cuando fueron al Opernhaus de Zúrich, en el camerino, momentos antes de salir a dar un recital, se acercó Carreras a la percha de la que colgaba su frac y le enseñó a Om lo que lleva siempre guardado en el bolsillo superior de la chaqueta: una senyera, las cuatro barras, el ancla identitaria de su nómada internacionalidad.
El billete de Ferran Monegal.
Información publicada en la página 78 de la sección de Televisión y Radio de la edición impresa del día 24 de octubre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
BIBIANA .- Ayer por la mañana vimos a Bibiana Ballbé en Els matins (TV-3). No había salido en la tele desde que estalló el sonoro affaire de su último Bestiari. Dijo al respecto: «Si algo ha quedado claro es que nadie es perfecto. Es tan importante hacer cosas, crear, como asumir los errores. Hemos pedido disculpas. Hemos reaccionado». Respeto el tipo de parlamento que ha elegido Bibiana, pero no lo comparto. Sigo opinando lo mismo que opiné en esta columna cuando se desató el zafarrancho: no son ni Jair Domínguez ni Bibiana Ballbé los que deben asumir el papel de culpables. Es la dirección de la cadena -cadena pública, cabe enfatizarlo- la única responsable de los contenidos que emite. A esta dirección es a la que, en todo caso, le corresponde hablar. Por ahora prefieren seguir callados.