Ferran Monegal
Otra fantástica, estupenda, interesantísima sesión de Jordi Évole (Salvados, La Sexta), navegando por Andalucía en busca de la verdad de los subsidios -el PER- y del contraste entre jornaleros y latifundistas. Con un fondo musical adecuadísimo -aquellos profundos versos de Miguel Hernández «Andaluces de Jaén, aceituneros altivos»-, se acercó Évole hasta las localidades de Montellano y El Coronil, y allí pulsó el eco que ha quedado entre los vecinos de aquellas palabras de Duran Lleida acerca de pasarse el día en el bar cobrando el subsidio. No encontró ira, ni agresividad, entre los jornaleros que a su paso le salían. Lo que hubo fue extrañeza. Decían, con un punto de tristeza: «Cuando no trabajamos, cobramos un subsidio de 14,30 euros al día. Ya me dirá usted...». Solo uno, más guerrero, le lanzó a Duran este suvenir: «Voy a coger mis 14,30 euros del día y voy a comprar supositorios para que se los meta por el culo». Fue la única salida de tono de este paisaje humano con fondo de olivos. Lo tremendo vino luego, cuando Jordi se sentó a conversar con Cayetano Martínez de Irujo, conde de Salvatierra, latifundista y acreditado jinete especializado en saltos caballistas. ¡Ah! Qué diálogo más ilustrativo. Hablaba el aristócrata de que le gustaría instaurar lo que su padre solía, es decir, dar de vez en cuando «un sobrecito a los trabajadores»; que no lo hacía porque no tenía dinero; que ellos no se han arruinado nunca porque nunca han sido ricos; que no sabe lo que es ser un señorito andaluz; que no recuerda haber visto nunca la película Los santos inocentes; que eso de llamarle aristócrata es un eslogan («yo a ti no te llamo plebeyo»)...
El billete de Ferran Monegal.
Información publicada en la página 70 de la sección de Televisión y Radio de la edición impresa del día 13 de diciembre de 2011 VER ARCHIVO (.PDF)
Y viendo Jordi que, en efecto, en aquella suave holganza conversativa, Cayetano se estaba retratando él solito, le lanzó el siguiente relicario: «Oye, Cayetano, ¿tú alguna vez has tenido remordimientos sobre si ha sido lícita la forma en que tus antepasados llegaron a conseguir esa cantidad de hectáreas (25.000)?». ¡Ahhh! Aquí el gran jinete se retrató más todavía. Contestó: «Yo no entro en este retorcimiento. Lo habrán ganado en batallas, en conquistas (...) A mí me hubiera encantado vivir en el medievo. En vez de tener estas 32 demandas que tengo en el juzgado, y que tengo que ir todas las mañanas, yo sacaba mi espada y... o tú o yo, y fuera, se acabó». ¡Ahh! Colosal, nítido, perfecto retrato de la criatura. No nos extraña que le guste el «medievo». Sigue viviendo allí.
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