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tú y yo somos tres

Murió feliz, murió hecho polvo

Jueves, 3 de marzo del 2011 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
Ferran Monegal

Aunque están en el tramo final de su historia, porque TV-3 ha anunciado que no seguirá emitiéndola, la serie Infidels acaba de ofrecernos otra tremenda vuelta de tuerca sobre su tema estrella: el sexo. La escena se inicia cuando nos enfocan a la fogosa Cruz cabalgando ardorosamente sobre Esteban, su amante, en la cama de una habitación de hotel. La pasión que le pone ella a la labor es muy encabritante y hermosa. Y tras concluir el momento, conseguido el instante cúspide de la labor, suspira Cruz complacida y satisfecha, y se abraza, se reclina sobre el cuerpo de Esteban, que sigue tumbado panza arriba en la cama hotelera. Le dice, le susurra, jadeante todavía: «¿Te acuerdas de cuando hicimos el amor por primera vez?» Pero no hay respuesta. Esteban no dice ni pío. Ni se mueve. Permanece sumido en un quietismo sospechoso. Entonces ella se lo mira, frunce el ceño, le mueve la cara, le mira los ojos y advierte, horrorizada, que su amante ha muerto. ¡Ah! El momento es tremendo, estamos de acuerdo. Pero no es irreal. Se han dado casos como este en la vida común y corriente. Personas que mientras estaban haciendo el amor, su pareja se ha quedado tiesa. Aquí lo cafre, lo grotesco, es el tratamiento que los guionistas han escrito como continuación de este terrible suceso. O sea, cuando Cruz llama a sus amigas para que vayan a socorrerla. ¡Ah! Se presentan todas en el hotel, y más que un acto de socorro lo que allí se plasma, se pinta, se dibuja, es una escena que parece sacada de la película Les excursionistes calentes, pero en versión carnaval de Cádiz y chirigotas. En casa nos partíamos de risa por el suelo. Llegan incluso a montar el cadáver sobre una silla de despacho, con ruedas, y lo van arrastrando por el pasillo del hotel como en una ópera bufa, como en una astracanada de comedia de enredo. Y cuando al final llega la doctora, al certificar la defunción, exclama Cruz, con risible emoción: «Murió feliz». ¡Ahhh! Sí señora. Murió de un ataque de felicidad inmensa. Solo le faltó añadir, como epitafio y estrambote: «Murió hecho polvo: pulvis est et in pulverem reverteris».

TV-3

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Información publicada en la página 70 de la sección de Televisión y Radio de la edición impresa del día 03 de marzo de 2011 VER ARCHIVO (.PDF)

Esta variante de los guionistas, en clave chocante, extravagante e irrisoria, quizá se deba a que se han asustado de su propia lucubración sexual y mortuoria, y han querido sacarle hierro a tan necrofila escena derivando el caso hacia la comedia. Pero no han derivado, sino derrapado, que es otra cosa. El humor negro es un arte delicado. Exige talento.

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