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Crónica

Aturdidos por 30 Seconds to Mars

El grupo de Jared Leto ofreció un 'show' mesiánico y emocionalmente invasivo en el Sant Jordi Club

Lunes, 20 de diciembre del 2010 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
Jordi Bianciotto Crítico

Se supone que el ídolo de fans debe ser, por definición, solícito y adorable. Pero Jared Leto, cabecilla de 30 Seconds to Mars, conquista a sus fans por otra vía: la autoritaria. El sábado, en el Sant Jordi Club (buena entrada, unas 3.500 personas), se pasó la actuación dando órdenes: «¡Saltad!» (la más repetida), «¡luchad!», «¡gritad!», «¡haced ruido!», «¡sed salvajes!». Consignas que alternó con frases pomposas y cursis («creo en Barcelona, ¿creeis vosotros en mí?») y poses heroicas a juego con una banda sonora de emo-rock épico de cartón piedra; pura fachada. Emocionarse no era una opción, sino una obligación. Señor, sí, señor.

Jared Leto, líder del grupo 30 Seconds to Mars, en el Sant Jordi Club. CESC GIRALT

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Información publicada en la página 50 de la sección de Televisión y Radio de la edición impresa del día 20 de diciembre de 2010 VER ARCHIVO (.PDF)

30 Seconds to Mars desplegó un señor show con vistosos efectos lumínicos que realzaron un repertorio volcado en el efectismo sonoro. Canciones construidas con acordes menores hinchados, machacados en secuencias repetitivas in crescendo, con estribillos angustiados que empujaban la noción de emo-rock hacia el simple espectáculo paralizador. Leto ejerció un papel mesiánico que, unido a la textura ampulosa de su música, convirtió a 30 Seconds to Mars en una respuesta adolescente a U2. El rasgueo de guitarra de Tomo Milicevic miraba de reojo a The Edge. Las canciones parecían diseñadas para consternar al oyente, pero allá donde la partitura era impotente, hacían la faena el aparato sonoro, el volumen y la repetición obsesiva de gags sonoros. A medio camino entre la mística de los irlandeses y el sentimentalismo novelesco de My Chemical Romance, su sentido del espectáculo estuvo más cerca del modelo circense y egocéntrico de Simple Plan. Con un Leto que, por cierto, tiene casi 39 años; edad muy distanciada del grueso de sus fans.

GUIÑO A LADY GAGA / La mayor parte del repertorio salió del tercer disco, This is war, con muestras como Night of the hunter, Search and destroy y Closer to the edge. Leto abrió una cuña acústica en solitario larguísima con citas al primer trabajo: piezas como Capricorn (a brand new name), Echelon y Oblivion, que, sin el respaldo catedralicio del grupo, eran muy poca cosa. Ese bloque incluyó un soso asalto a Bad romance, de Lady Gaga. Con sus colegas de nuevo en acción, la traca final: The fantasy, Hurricane y Kings and queens, esta con público sobre el escenario. Más consignas: «¡saltad, saltad, saltad!», «¡esta es para los verdaderos creyentes!», «¡acercaos más! ¡Puedo oleros!». Es el emo-rock castrense de 30 Seconds to Mars.

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