El Periódico

Una relación más madura

Los expertos recuerdan que los jóvenes han integrado internet como un medio más

CARMEN JANÉ / BARCELONA

Jueves, 14 de mayo del 2015

«La relación de los jóvenes españoles con las redes sociales es bastante madura si son capaces de darse cuenta de cuándo hay un abuso y muestran esta necesidad de desconectar de ellas si se pasan», explica Jorge Flores, director de la oenegé Pantallas Amigas, dedicada a la relación entre menores y nuevas tecnologías. «En un momento, de los 16 a 20 años, en que disminuye la presencia del joven en el entorno familiar, igual esta dependencia es menos obvia para la familia que cuando, siendo más pequeños, los ves enganchados al móvil o al ordenador», reflexiona.

La pedagoga Nora Rodríguez, sin embargo, va más allá e invita a reflexionar sobre por qué se llega a este extremo. «Muchos adolescentes llegan a las redes sociales antes de hora, con cuentas propias abiertas antes de que legalmente puedan tenerlas y a escondidas de sus mayores. Pero a muchos sus propios padres les expusieron a ellas cuando eran bebés o niños y se enfadaban si sus cuatrocientos y pico amigos no le daban al 'Me gusta'. ¿A quién hay que echarle la culpa, entonces?», advierte.

La memoria revela que los jóvenes de 16 a 20 años, de los que se ocupa el estudio del Centro Reina Sofía, crecieron ya con Google (fundada hace 11 años) y con Facebook (la versión española es del 2008). Y antes de Facebook hubo el boom de Tuenti, una red creada para adolescentes desde España, que precedió a fenómenos como la suplantación del tiempo dedicado a la televisión por el vídeo en internet por parte de los más jóvenes gracias, sobre todo, a Youtube,

A Facebook un usuario medio le dedica 4,3 horas a la semana; 3,3 horas a Youtube y sobre 3 horas a Twitter o a Instagram, según un estudio de la patronal publicitaria IAB-Spain. Y en comparación con los mayores de 18 años, ese consumo difiere. Los adolescentes hoy en España usan más Instagram que los adultos (60% juvenil frente al 26% de los adultos), más Twitter (61% frente al 56%) y más Youtube (70% frente al 66%) pero menos Facebook (78% ante el 96% adulto). Y, además, es lo primero que hacen cuando se levantan, prácticamente, porque más de la mitad confiesa que ya ha leído su correo y consultado sus redes sociales cuando ha desayunado (el 24% lo ve aún en la cama).

«Los adultos están más alarmados que los jóvenes sobre la posibilidad de abuso, aunque ellos perciben la amenaza. Otra cosa es qué entiendan por participar, porque no es lo mismo el que pone una foto o un 'Me gusta' que el que produce un vídeo o escribe un artículo en un blog. La hiperconectividad es gratificante pero exigente, requiere una intensidad que pasa factura, de ahí que quieran desengancharse porque se estresan de tanta socialización», recuerda Flores.

«Los adolescentes se enganchan a las redes sociales porque allí tienen voz y voto, son reconocidos. Hay relación entre mayor frecuencia de uso de redes sociales y menos actividad familiar en casa. Muchos padres parece que dimitan de hacer de padres y consideran que los niños pueden aprender las cosas solos o ya se las enseña Google», apunta Rodríguez.

«Hablar de adicción a redes sociales entre los jóvenes es una visión adultista del tema. Para ellos las redes sociales es un medio de comunicación más, no diferencian entre mundo virtual y físico. Perciben los peligros y buscan soluciones, y si tienen que preguntar, lo hacen. A los adultos también nos satura el exceso de información. No busquemos adicciones donde no las hay», afirma Myriam Fernández Nevado, vicepresidenta del Grupo de Sociología de la Infancia y Adolescencia (GSIA).

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