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Al contrataque

Una cuesta de enero eterna

Sábado, 26 de enero del 2013 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
Pepa Bueno Periodista

Y van tres, tres semanas sin respiración. ¿Se acuerdan de cuando las rebajas de enero eran noticia? ¿Recuerdan cuando hablábamos de las dificultades de la cuesta de enero? La crisis económica y política ha demolido también el calendario. Llegará febrero y seguiremos en la cuesta, y todo apunta a que terminaremos el 2013 sin haber hecho cumbre.

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Información publicada en la página 64 de la sección de Contraportada de la edición impresa del día 26 de enero de 2013 VER ARCHIVO (.PDF)

Quienes suben con más dificultad son las personas paradas. Casi seis millones, según la encuesta de población activa. No por esperada, la cifra dejó de sonar como una hecatombe. Por un día, las voces en la cola del Instituto Nacional de Empleo, los protagonistas anónimos de esta tragedia colectiva, se impusieron a los Bárcenas, los López Viejo, los Pallerols o los Urdangarin y hasta le robaron protagonismo al fantasma de Amy Martin. Y entre el aluvión de testimonios desgarradores, expectativas personales rotas, opiniones políticas y datos que arrastró la EPA, a mí esta vez me conmovió especialmente un informe de la Cruz Roja. Y es que es invierno y hace frío. Pero este año hace frío en la calle y también en cuatro millones de hogares españoles que no tienen dinero para calentar su casa. Literalmente. El informe habla de pobreza energética porque quienes la sufren comen, duermen, aman, hacen los deberes, ven la tele o discuten a menos de 18 grados, la temperatura mínima saludable. Esa temperatura a la que nos habíamos acostumbrado mientras pensábamos que los braseros de nuestros abuelos eran la estampa costumbrista de un pasado que nunca volvería.

Pero con ser lo peor, el paro no ha sido lo único que ha helado la sangre esta semana. Ver a todo un ministro de Hacienda preguntar en tono peliculero desde la tribuna del Congreso a sus señorías si tienen sus papeles fiscales en regla da la medida exacta de a dónde ha llegado el debate público en España. Y su sobreactuación provocaría risa si no fuera porque, habrá que recordarlo, el ministro comparecía para explicar si el extesorero de su partido ha blanqueado el dinero español que se llevó a Suiza a la vez que se encargaba de las cuentas de Génova 13. Hasta 22 millones. Y seguimos sin saberlo. Porque a todo esto el presidente del Gobierno ha decidido que, al contrario de cuando arrancó Gürtel, ahora sí esperará a que hablen los tribunales para pronunciarse sobre el hombre por quien hace tres años ponía la mano en el fuego.

Recuerdo de Labordeta

Viendo a Montoro en la tribuna del Congreso retorcer las palabras para hablar sin decir nada y escuchando a la ministra de Empleo explicar que disminuye el número de jóvenes en paro obviando que la cifra baja porque se han ido de España a miles, me acordé de José Antonio Labordeta. Aquel diputado insólito que recuperó para la política la palabra de la calle. Y que como poeta ya nos había advertido de que hay «palabras para cantar, palabras para reír, palabras para llorar, palabras para vivir, palabras para gritar, palabras para morir».

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