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Desastre en el Alt Empordà | Las víctimas

Turistas perdidos en el fin del mundo

Lunes, 23 de julio del 2012 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
FERRAN COSCULLUELA
FIGUERES

Figueres se convirtió en la tarde de ayer en la antesala del infierno. La capital del Alt Empordà era una ciudad asfixiada por una densa nube de humo y ceniza, que filtraba la luz crepuscular y bañaba sus calles con una inquietante luz de color sangre. Coches de policía, bomberos y servicios de emergencia cruzaban a toda prisa las avenidas, en las que se veían pocos paseantes, haciendo sonar las sirenas. A pocos kilómetros, al oeste, las enormes columnas humeantes del incendio se levantaban sobre los edificios. El apocalipsis o el fin del mundo, si se producen algún día, serán seguramente algo parecido.

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En este escenario propio de las obras de Dante había afectados que además de hallarse a las puertas del infierno se vieron atrapados en una ratonera y no podían regresar a su país. La gran mayoría eran turistas franceses refugiados en las gasolineras de Figueres y las carreteras próximas, especialmente la N-2. Muchos preguntaban a los vecinos de la capital ampurdanesa por el camino a Portbou, ya que los Mossos les dijeron que era el único alternativo para entrar en su país, debido al corte de la AP-7 y de la carretera nacional en el paso fronterizo de La Jonquera y El Pertús.

Huida frustrada

Pero esa posibilidad se vio truncada por el incendio de Portbou, que obligó a cortar la carretera N-260 poco después de las siete de la tarde. Algunos automovilistas franceses no daban crédito a su mala estrella. «¿La carretera de Portbou también está cortada? !Mierda¡», exclamaban en su idioma cuando algún buen samaritano se esforzaba en explicarles la situación. Colas de coches tomaron los aparcamientos y zonas libres de las gasolineras y las pequeñas tiendas de las estaciones de servicio se convirtieron en áreas de abastecimiento alimenticio para estos náufragos.

Un vehículo del SEM llenó el depósito a toda prisa en una gasolinera de la Ronda Sud de Figueres. La dependienta aprovechó para preguntar al equipo de emergencia si había instrucciones de seguridad para las gasolineras ante la posible llegada de las llamas. «No lo sé. Venimos desde Barcelona y nos envían hacia Portbou. Dicen que la gente está saltando por las ventanas», espetó. El fin del mundo.

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