Las tiendas de compraventa de oro tienen una leyenda negra que el subinspector de los Mossos Pere Guillén, subjefe del Área Territorial de Investigación de Barcelona, insiste en desmentir. En su opinión, no es allí adonde van a parar las joyas robadas. «Para los ladrones hay demasiado control. Además de tomar una imagen de la joya, en la tienda están obligados a anotar si la pieza tiene algún rasgo característico o alguna inscripción», señala Guillén.
Información publicada en la página 29 de la sección de cv Sociedad de la edición impresa del día 27 de septiembre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Sin embargo, no descarta que algunas piezas robadas sí acaben en una minoría de comercios cuyos propietarios prefieren mirar hacia otro lado. «A una tienda le pueden colar una pieza robada. Ahora bien, si la compran a sabiendas de que el origen de la joya es delictivo cometen un delito de receptación», explica.
Otras veces, como explica el teniente coronel de la Guardia Civil Antonio Cortes, el delito se produce pues las tiendas «tienen trucadas las balanzas y engañan al cliente con el peso».
Los ladrones son capaces de burlar estos controles para colocar en tiendas el oro robado y obtener así un mejor precio del que les pagarían los receptadores del mercado negro. «A los establecimientos de compraventa de oro nunca van los ladrones de las joyas. Estos suelen ser multirreincidentes y los Mossos, a quienes la tienda tiene que enviar una copia del contrato de la transacción con los datos de identidad del vendedor, los detectarían rápidamente por sus antecedentes», cuenta un agente de calle.
Documentación auténtica
¿Cómo se colocan entonces las joyas? «Envían a alguien que no es sospechoso. Suele ser una mujer de mediana edad sin antecedentes y con una apariencia perfectamente respetable», explica este mosso. En la tienda, la mujer cumple los trámites. Se identifica con documentación auténtica y relata que se ha visto obligada a vender las joyas por problemas económicos. Todo muy creíble. Esta mujer o bien va a medias con el delincuente o bien trabaja para el receptador.
Además, las tiendas, cuando compran legalmente una joya, tienen que enviar una imagen de la misma a los Mossos. Sin embargo, en lugar de una foto lo que hacen a menudo es colocar la joya en una fotocopiadora. El resultado tiene escasa calidad, lo que hace difícil que una persona pueda identificar una pieza robada. Ahora, al menos, la fotocopia se envía por correo electrónico. Antes se enviaba por fax y la imagen era aún peor.
No obstante, los establecimientos de compraventa y las tiendas y talleres de joyería también son objetos de asaltos. «Estamos viendo que algunas bandas se hacen pasar por policías que llevan a cabo una inspección, y que otras emplean el método del butrón, el alunicaje y usan las lanzas térmicas para abrir cajas fuertes», enumera el teniente coronel Cortés, que destaca como algunos grupos «montan auténticas coreografías entrando varios a la vez en una tienda como si fueran clientes hasta lograr despistar a los dependientes y robarles las joyas». Eso sí, el caso que más le impactó fue «el del joyero que organizó un robo en su joyería justo cuando venía a verle un representante de joyas, al que desvalijaron».