Todo estaba bajo control y ningún cabo sin atar. Así funcionaba la red que encabezaba el chino Gao Ping, una máquina dedicada a lavar centenares de millones de euros. En sus negocios, este dueño de varias naves industriales en Fuenlabrada (Madrid) ocultaba a simpapeles chinos que no han podido ser localizados por la policía y cuyo paradero se desconoce. Fuentes de la investigación han explicado que los principales jefes de esta trama se inquietaban cuando veían por la zona a personas trajeadas que les hacían sospechar que podía haber una inspección y ordenaban a sus subordinados sobre los simpapeles encerrados: «Que salgan de allí».
Investigación 8 Traslado de documentos, el pasado martes, cuando se destapó la operación Emperador. JUAN MANUEL PRATS
Información publicada en la página 29 de la sección de cv Sociedad de la edición impresa del día 20 de octubre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
La trata de chinos (que sufrían unas condiciones de trabajo denigrantes) no era la actividad principal de la red, pero sí la más sangrante. Los ciudadanos chinos que han caído en las trampas de esta organización han tenido que soportar penosas condiciones de vida. Por ejemplo, eran visitados por matones al servicio de la red en el caso de que no devolvieran los préstamos recibidos para montar negocios que han florecido como setas en ciudades de todo el país.
Piernas rotas
Los matones les propinaban palizas y solían partirles las piernas. Fuentes de la investigación han asegurado que, de momento, no se les imputa ningún asesinato. Además, la red no dudaba en vender a otros empresarios este peculiar servicio de seguridad.
La trama, según los investigadores, se alió con otros grupos de delincuentes que estaban establecidos en España para dedicarse a blanquear dinero a todo aquel que lo necesitara sin importar su nacionalidad ni el origen del capital. Hasta el momento, han caído un grupo israelí, integrado por unas cuatro o cinco personas y cuyo cabecilla era una mujer, y otro grupo holandés.
También se investiga la asesoría de varios despachos de abogados, ninguno de relumbrón, que les ayudaron a montar la tapadera para sacar el dinero. El grupo usaba a los llamados por la policía pitufos, ciudadanos chinos que sacaban el dinero oculto en sus maletas. Al principio, viajaban directamente a China. Luego se optó por otra vía: se hacían pasar por turistas en Italia, Andorra y Hungría y desde estos países mandaban por transferencia el dinero al gigante asiático. La organización disponía de un servicio de búsqueda de españoles adinerados que escondían capital en paraísos fiscales. La mafia china entregaba a estos ciudadanos dinero en efectivo a cambio de facturas falsas y ellos mismos mandaban el capital acordado a bancos chinos desde los paraísos fiscales.
Facturas y consoladores
Supuestamente, el actor porno Nacho Vidal facilitó facturas falsas a la trama. Vidal afirmó ante el juez que su relación con Gao Ping fue la transacción de 13.000 reproducciones de látex de su pene.