Si hace 20 años recibir un órgano en trasplante suponía poner un punto y aparte en la vida que se había desarrollado hasta entonces, ahora no es así. O no necesariamente. Ser objeto de un trasplante ya no implica, como tiempo atrás, quedar en situación de invalidez completa y permanente. Los fármacos y las técnicas quirúrgicas lo permiten, y ese es el objetivo de los médicos especializados en trasplantes. Quien era maestro, mecánico, vendedor, cirujano o camionero puede seguir con su oficio si su estado físico general y su ánimo responden a esa voluntad.
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Esto es así incluso cuando el cambio afecta a un órgano vital, sin el que no es posible vivir (corazón, hígado o pulmón, entre ellos), o si el paciente es un deportista de alta competición y máximo nivel, que practica un juego donde no son raras las patadas, los empujones y las caídas de impacto, como es el fútbol. Que el jugador del Barça Eric Abidal, receptor de un trasplante de hígado el pasado abril, asegure que dentro de un par de meses volverá con su equipo no es visto por los médicos como una ilusión irrealizable. «No es un imposible -afirma Pere Salamero, director del programa de trasplantes en el Hospital del Vall d'Hebron-. No tengo acceso a su historia clínica, pero la información de que dispongo no cuestiona que pueda volver a la máxima competición. Si se lo propone y se esfuerza, regresará».
NO ES IMPOSIBLE / Con matices, coincide con esta opinión el hepatólogo Xavier Xiol, del área de trasplantes del Hospital de Bellvitge. «Me ha sorprendido escuchar que Abidal volverá a jugar con el primer equipo, yo pensaba que no lo haría, pero imposible no es», afirma Xiol. «El hígado trasplantado da muchos menos problemas de rechazo que el corazón, los pulmones o el riñon», añade.
Sin llegar a la excepcionalidad de este futbolista, quienes reciben hoy un órgano en trasplante, sea cual sea, pueden reemprender una vida «completamente normal», según Pere Montserrat, director de la Organització Catalana de Trasplantaments (OCATT), el centro de demanda y distribución de órganos en Catalunya. «Pueden llevar la vida de una persona de actividad media -puntualiza Montserrat-. Esto incluye cualquier tipo de oficio y deporte, si se practica en plan familiar o con amigos». Quien antes de recibir el trasplante practicaba la natación, el montañismo o el tenis, podrá reanudar esa práctica en el momento en que recupere peso y vuelva a disponer de su musculatura habitual.
«El punto de partida previo a la intervención define el límite al que se puede aspirar después -afirma Salamero-. Abidal, operado hace seis meses, está haciendo un entrenamiento físico muy duro, excepcional, pero es que antes de que le fallara el hígado ya hacías cosas excepcionales. De otra forma, no podría».
TRATAMIENTO SIN FIN / Desde que se estableció en Catalunya el programa de trasplantes de órganos, en 1971, se han realizado 17.205 intervenciones, de las que 10.842 han sido implantes de riñón. El primer trasplante de hígado se practicó en 1984, y desde entonces han recibido este órgano 4.217 personas. Un millar de enfermos han sido objeto de trasplante cardiaco, 606 han cambiado sus pulmones, y 501, el páncreas.
Aunque un trasplantado puede hacer casi todo lo que se proponga, esto no significa que no tenga condicionantes. Llevar un órgano ajeno, por el que circula una sangre que no identifica el tejido extraño, significa que el sistema inmunitario permanece día y noche, indefinidamente, intentando su rechazo. Para que esto no suceda, el paciente ha de tomar a diario, y durante el resto de su vida, fármacos que mantienen mermado el potencial del sistema defensivo. Son los medicamentos inmunosupresores, sustancias que impiden el rechazo del órgano trasplantado a cambio de dejar al individuo en una situación de vulnerabilidad ante las infecciones. Un trasplantado debe cuidarse de forma especial por esta razón. A esto se suma el riesgo permanente de que el sistema inmunitario 'triunfe' y dé lugar a un rechazo del órgano recibido.