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El proceso por una marea negra

Y tras el fuel, la sobrepesca

La escasez de marisco es hoy el gran problema debido a una explotación abusiva

Después de la veda forzada por el 'Prestige', la pesca vivió sus mejores años en Galicia

Martes, 16 de octubre del 2012 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
MANUEL VILASERÓ

¿En qué estado se encuentra la costa más fecunda de España 10 años después de sufrir la peor de las mareas negras? La respuesta a esta pregunta entraña una tremenda paradoja, con una llamada de atención contra la sobrepesca. Tras años de estudios sistemáticos sobre el estado de la costa gallega, los científicos coinciden en que tanto el agua como las playas se han recuperado casi por completo. Incluso con más rapidez de la esperada, hasta el punto de que pasados solo dos años la situación de los caladeros era mucho mejor que antes de la catástrofe. La veda forzada los regeneró hasta que la sobreexplotación, sobre todo en el marisco, ha llevado de nuevo a la escasez. Siendo mortífero como fue para decenas de miles de animales y la flora marina, el veneno que trasportaba el viejo petrolero fue menos devastador que el efecto de la pesca intensiva sin control.

Pescadores recogen las redes en el puerto de Muxía.

Pescadores recogen las redes en el puerto de Muxía.

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Información publicada en la página 24 de la sección de cv Sociedad de la edición impresa del día 16 de octubre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)

Cuando el biólogo Demetrio de Armas llegó a Galicia en diciembre del 2002, a bordo del buque del Instituto Español de Oceanografía (IEO), se le encogió el alma. «Era descorazonador ver la cantidad de organismos afectados. Los datos eran tremendos. Hubo zonas que recibieron tres o cuatro oleadas de un fuel que además era muy pernicioso, con un alto contenido en azufre y muy espeso, el subproducto más basto del refinado de petróleo», rememora el que es ahora subdirector del IEO.

INCOMESTIBLES / El índice de hidrocarburos que hallaron en percebes, ostras y mejillones analizados era unas 400 veces superior al normal. Incomestibles. «Esos animales murieron todos, mientras que los que sobrevivieron y sus descendientes daban seis meses después los índices normales, los mismos que antes del Prestige», recuerda sin explicarse muy bien el porqué de tan sorprendente recuperación. «La naturaleza es muy fuerte. Con el hundimiento del Mar Egeo pasó lo mismo», acierta a decir.

El presidente de la Asociación de Oceanógrafos de Galicia, Jorge de los Bueis, abundaba ayer en la idea de que «los efectos esperados por la comunidad científica eran mucho más graves de lo que al final han sido», aunque matizaba que en algunos casos hubo efectos difíciles de detectar, como «la desaparición de la cigala, que tenía una población estable frente a la Costa da Morte».

Hasta a los marineros más avezados les sorprendió cómo se recuperó el mar. José Manuel Lema, armador y patrón de dos embarcaciones en Muxía (la zona cero de la catástrofe), recuerda su tristeza cuando le avisaron de que el fuel se acercaba. Salieron a su encuentro con todo lo que tenían a mano, pero todo fue inútil. Vio su vida «arruinada». Su barco estuvo seis meses varado, pero cuando pudo volver al océano comprobó que «había mucho más pescado, incluso especies que estaban casi desaparecidas». «Eso nos enseñó la importancia de la veda, de dejar descansar el mar», concluye. Los dos años posteriores a la veda causada por el Prestige fueron los mejores que recuerdan los pescadores gallegos.

Entre los mariscadores, sin embargo, la veda tuvo un efecto perverso. Para ellos duró casi un año. Cuando les dieron vía libre también encontraron multiplicadas por varios dígitos las poblaciones, pero eso les indujo a una especie de fiebre del oro. «Como son más difíciles de controlar que los barcos de pesca, la gran mayoría de los mariscadores se saltaban los cupos legales, con el resultado de que ahora hay una escasez tremenda. Si antes se recogía una media de 40 toneladas de percebes en la Costa da Morte, ahora se recogen 20», relata el gerente de la cofradía de Muxía, Nacho Castro, el impulsor en su día de la marea blanca de voluntarios, quien da una explicación a esa fiebre recolectora: cuando la veda les impidió mariscar, cobraron a la vez por las ayudas comunitarias y por trabajar en las tareas de limpieza. Nunca habían ingresado tanto dineroy después, al ver que había marisco de sobra, creyeron que podrían mantener su nuevo ritmo de vida, saltándose la ley. «Pero arrasaron con todo», lamenta.

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