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SEGUNDA FASE DEL CATALÀ DE L'ANY | ALBERT BOSCH, ALPINISTA

«Tenía mucho frío, había riesgo, sufría, pero era feliz»

Domingo, 22 de abril del 2012 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
JORDI TIÓ
BARCELONA

No paró de hablar durante horas, días enteros, y eso que no había nadie a su alrededor. Por no haber, no había ni un triste virus. Imposible cuando la temperatura oscila entre los 20 y 50 grados bajo cero en medio de un paisaje helado. Pero darse conversación a sí mismo fue el método que utilizó Albert Bosch para combatir la soledad durante la travesía de la Antártida hasta el polo Sur, punto que alcanzó el pasado 5 de enero tras 67 días de dura caminata a lo largo de 1.150 kilómetros.

CARLOS MONTAÑÉS

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Información publicada en la página 48 de la sección de cv Sociedad de la edición impresa del día 22 de abril de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)

«La Antártida es como estar en el vacío. No hay nada, por eso es importante no caer en la monotonía. Así que daba conferencias en voz alta, a veces en inglés, y también me entretenía en hacer promedios de los pasos que daba», explica Bosch, de 46 años, empresario y alpinista. «En total fueron 2.304.400 pasos, más o menos», agrega jocoso.

LA ADAPTACIÓN / Bosch terminó solo pero empezó acompañado. Aunque lo estuvo poco tiempo. Su compañero de travesía, Carles Gel, se lesionó a la cuarta jornada de expedición y tuvo que ser rescatado. Juntos hicieron tan solo 31 kilómetros. Bosch, sin embargo, no dudó ni un instante: seguiría solo. «Fue un momento muy duro. Estaba triste por él y era consciente de que quedándome solo asumía muchos más riesgos, pero apenas dudé porque lo tenía claro. Quería estar allí. Además, adaptarnos a los cambios tiene que ser un valor en nuestra sociedad, donde la incertidumbre es una realidad. Aquello no era un capricho», sentencia.Y no lo era porque la honestidad, el compromiso y la autoexigencia han acompañado siempre las expediciones de Bosch.

«El éxito no es llegar a una montaña o al polo Sur, o donde sea, el éxito es dar lo máximo de uno mismo. Si lo das todo y no lo logras, es un éxito; si consigues una cosa haciendo trampas, es un triunfo relativo, pero el gran fracaso es abandonar sin haberte esforzado», reflexiona este aventurero, inmensamente feliz y, también, algo avergonzado por verse entre los 10 candidatos seleccionados a Català de l'Any. «No sé si lo mío tiene tanto mérito para verme entre los escogidos, pero lo agradezco. No soy un deportista de élite, solo una persona normal que se esfuerza mucho en lograr aquello por lo que sueña. Igual se valora esto, no sé...», dice algo abrumado y también obsesionado por que nadie le atribuya gestas que no son. «Se llegó a decir que era el primer catalán en llegar al polo Sur, y no es cierto. Soy el primero en lograrlo haciendo la travesía integral, de más de 10 grados de latitud, desde la costa, desde la bahía de Hércules, y sin ayuda externa». Dicho queda.

Empeñado en no aburrirse mientras tiraba de un trineo de más de 100 kilos con el material necesario, otra obsesión le venía a la cabeza cada dos por tres. Y es que cansado de las barritas energéticas y la comida liofilizada, de lo que uno se harta rápido, un manjar se le aparecía cada vez que lograba dormirse. «Soñaba con un plato de carn d'olla».

OPERACIÓN PREVENTIVA / Bosch es un aventurero al que le gusta buscar sus límites, probarse ante ellos, pero no es un loco o un temerario. Y para muestra, un ejemplo: «Me operé preventivamente de la apendicitis antes de partir para no tener problemas durante la expedición. Una peritonitis te puede matar en 48 horas si no te evacúan a tiempo».

Su pasión por la aventura, da igual que sea en un continente helado como en un desierto, va de la mano con su amor por la naturaleza, una sensibilidad que también exporta a su labor profesional: proyectos de energías renovables. «Puedo decir que he vivido experiencias íntimas, casi carnales, con el planeta. Si respeto a la Tierra cuando hago una expedición, no sería coherente no hacerlo al tratar de ganarme la vida. Tendré éxito o fracasaré, pero lo haré sin traicionar mi conciencia».

Su próximo reto será el polo Norte. «Espero hacerlo realidad en la primavera del 2014 o el 2015», explica tras confesar que, quizá, lo más duro no fueron los días en la Antártida, sino el regreso a casa: «Allí tenía frío, había riesgos, sufría, pero era feliz. Al llegar a casa, choqué con el estrés de nuestra sociedad, la crisis...». La ventaja es que ahora, si quiere, degusta carn d'olla cuando lo desea.

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