Whatsapp y Twitter alertaron a la comunidad universitaria balear a media mañana. Los teléfonos y las redes sociales echaban humo. «Mi madre me ha llamado llorando», explicaba Sonia, una joven estudiante de psicología, todavía sobrecogida por la tragedia que podía haberse vivido en el campus si el joven émulo de los asesinos de Columbine hubiera logrado su objetivo.
Estudiantes en el campus de la Universitat de les Illes Balears, ayer a mediodía, tras conocerse la detención. AFP / JAIME REINA
Información publicada en la página 31 de la sección de cv Sociedad de la edición impresa del día 05 de octubre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Las primeras noticias divulgadas por las ediciones digitales de los periódicos, las radios y las televisiones corrían entre los corrillos de estudiantes, aliviados por la certera actuación policial que abortó la posible masacre. Pese a la excitación inicial ante algo tan horrible como inconcebible, la universidad respondió con tranquilidad. «Hay que ir a clase porque ya ha pasado», animaba al resto Rubén, estudiante de fisoterapia, mientras su compañera Catrina se preguntaba «por qué alguien quiere atentar contra la Universitat de les Illes Balears».
Violencia o libertad
La rectora, Montserrat Casas, compareció a la una y media del mediodía ante los periodistas para dar «un mensaje de tranquilidad», informar de que «la universidad funciona con normalidad» tras la detención del joven y agradecer la actuación de la Policía Nacional.
Casas lamentó que «haya gente que piense que se pueden arreglar las cosas con violencia y muerte» y defendió el recinto universitario como un espacio donde «se pueden defender las ideas con la ley, la libertad, la palabra y la democracia».
Aunque reinó la calma, hubo algún episodio aislado de pánico, como el vivido por un joven estudiante inglés que mostraba a los periodistas fotografías de su móvil con bombas lapa desparramadas por el campus para que dieran la voz de alarma. En realidad, se trataba de artilugios de imitación con los que otro colectivo de estudiantes quería despertar las conciencias de sus compañeros sobre el tráfico de armas. «El día fue elegido al azar, ha sido una casualidad», explicaron los promotores del acto.