La sobreexplotación mediante pozos del acuífero del Alto Guadalentín, hasta el punto de que el nivel del agua subterránea ha bajado 250 metros desde 1960, intensificó los efectos del terremoto que afectó a la localidad murciana de Lorca en mayo del 2011, según sostiene un estudio internacional con participación de investigadores españoles e italianos. «No decimos que la extracción de agua fuera la causante, pero sí que contribuyó a desencadenarlo y a la magnitud que tuvo», dice a este diario uno de los autores del trabajo, José Fernández Torres, investigador del CSIC en el Instituto de Geociencias de Madrid. El problema en la comarca es que la sobreexplotación del acuífero, la extracción continuada de agua para agricultura y consumo doméstico, está cambiando el peso y la consistencia del terreno.
Información publicada en la página 30 de la sección de cv Sociedad de la edición impresa del día 23 de octubre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Aunque son relativamente frecuentes los hundimientos motivados por la sobrexplotación de acuíferos, se trata de la primera vez que las características de un seísmo se vinculan a un fenómeno ocasionado por la actividad humana. Los detalles del estudio se han publicado en la revista Nature Geoscience.
SATÉLITE, RADAR Y GPS / Los científicos, encabezados por Pablo González, investigador de la Western Ontario University (London, Canadá), llegaron a esta conclusión tras estudiar con los satélites Envisat la deformación del terreno causada por el seísmo. La gran sorpresa fue observar que el segmento de terreno que más se movió durante el terremoto coincidía con la cuenca del Alto Guadalentín, especialmente donde es mayor la extracción de agua. Los autores sostienen que en las zonas más sobreexplotadas, con menos agua, el terreno acumulaba más energía y era más fácil la ruptura.
Estudios previos de González y Fernández ya habían constatado que buena parte de la comarca se hunde a un ritmo descomunal de 12 centímetros por año, e incluso 15 en las zonas con mayor extracción de agua en épocas de sequía. «En total, hemos detectado variaciones en la subsidencia [hundimiento del terreno] de hasta un metro en la última década», prosigue Fernández. El equipo de científicos lleva desde el 2006 analizando las tasas de deformación del terreno a partir de imágenes por satélite, GPS y radar.
Los autores del trabajo argumentan que la extracción de agua perturbó la corteza terrestre en una zona donde ya hay una falla activa, la de Alhama, y ello generó, entre otras consecuencias, que el terremoto tuviera un hipocentro muy superficial, a un par de kilómetros de profundidad. De hecho, los daños causados fueron muy superiores a los que cabría esperar para un magnitud de 5,1 en la escala de Richter, que es la que tuvo el seísmo del 2011.
Los científicos desarrollaron un modelo matemático a partir de los datos históricos de extracción de agua subterránea (1960-2010) y del área de hundimiento detectada entre 1992 y 2007. Así se pudo simular los cambios de esfuerzos acumulados en el terreno desde el comienzo de la extracción se vio «de qué modo y dónde afectaba a la falla de Alhama», escriben los autores.
«Los datos presentados y los resultados del modelo -añaden- son consistentes con un proceso de descarga de agua subterránea, lo que proporciona una explicación plausible sobre cómo se movió la falla». Según Fernández Torres, el estudio demuestra por primera vez que «una variación del peso sobre la corteza terrestre, en este caso una disminución debida a la extracción de agua, puede controlar las características de un terremoto».
BÚSQUEDA DE MÁS PRUEBAS / Giorgi Kharadaze, profesor de Geología de la Universitat de Barcelona (UB) que también ha realizado estudios sobre la zona de Lorca, destaca que el hundimiento es espectacular comparado, por ejemplo, con el que se registra en Sallent (Bages), otro ejemplo de municipio afectado por movimientos en las aguas subterráneas. Al margen de la existencia de un acuífero, a la situación de Lorca contribuyen las características sedimentarias del terreno, «que se compactan con mayor facilidad», afirma. Sin embargo, el especialista de la UB considera que para validar totalmente la hipótesis del seísmo debería constatarse un proceso similar en otras zonas. «El vínculo entre la subsidencia y el terremoto es cuestionable, y podría obedecer a la casualidad, pero no cabe duda de que el estudio es muy interesante y creo que es una línea en la que deberíamos profundizar», concluye.