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Y SE HIZO LA LUZ

El siglo de las luces

Catalunya celebra el centenario de las primeras hidroeléctricas

Lunes, 18 de junio del 2012 - 11:53h. Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
MARÍA JESÚS IBÁÑEZ / Barcelona

Catalunya vivió a principios del siglo XX su particular conquista del Far West. Aunque para ser más precisos, la conquista no avanzó exactamente hacia el oeste, sino hacia las tierras del norte, hacia el Pirineo. Y más que oro, lo que buscaban aquellos pioneros era agua, saltos de agua. Miles de obreros de todos los rincones de España transportaron hasta las más remotas comarcas tuberías, turbinas y otros ingenios a bordo de camiones renqueantes y dirigidos por distinguidos ingenieros británicos, suizos, canadienses y franceses.

Ingenieros ingleses visitan las obras de la presa de Camarasa, en Lleida, en 1919. ARXIU NACIONAL DE CATALUNYA / FECSA

Construyeron caminos y levantaron campamentos junto a aldeas de montaña para las que, hasta entonces, el invierno y la llegada de las nieves suponían el más absoluto aislamiento. Los nuevos colonos formaban parte de la denominada segunda revolución industrial, una generación cuya principal quimera era abaratar los costes de producción de fábricas cada vez más caras y menos competitivas, por su dependencia de los combustibles fósiles.

En los cursos altos de los ríos pirenaicos encontraron el lugar para instalar centrales hidroeléctricas. La luz se abría paso en Catalunya. Hasta mediados del siglo XIX, "la electricidad había sido una curiosidad de la naturaleza, incluso una atracción de feria que no se sabía explicar", relata Sergi Treviño, técnico del Fondo Histórico de la Fundación Endesa.

En Catalunya, la primera prueba de laboratorio para producir electricidad la realizó Francesc Domènech Maranges, catedrático de Química de la Universitat de Barcelona, "que el 10 de julio de 1852, en la capital catalana, iluminó durante unas horas un tramo de la calle de Unió, situado frente a la botica de la que era propietario, según recogieron los diarios de la época", agrega Vanessa López, responsable del fondo.

"Hasta cierto punto, podría decirse que fue una iniciativa con fines publicitarios", prosigue López.

LAS PRIMERAS 15 FAROLAS 

Y así llegó la luz. Por un interés meramente experimental. "La iniciativa de Domènech Maranges interesó, y mucho, a los responsables de la Escola Industrial de Barcelona, que vieron en ella una alternativa al carbón que hasta ese momento se utilizaba como fuente de energía en las fábricas textiles", indica Treviño.

Con todo, los primeros usos que tuvo el incipiente sistema fue el alumbrado público, hasta entonces alimentado por el gas. El 28 de septiembre de 1882, el paseo de Colom de Barcelona estrenaba las primeras 15 farolas eléctricas de Catalunya.

Los esfuerzos por potenciar la industrialización tropezaban ya en esos momentos con la escasez de combustible. Las fábricas seguían aferradas a la máquina de vapor y urgía encontrar sistemas más baratos.

"Los inicios fueron a base de minicentrales, pequeños saltos de agua construidos por pequeñas empresas. Era un sistema de autosuministro, porque, entre otras razones, no se había descubierto aún la corriente alterna, con la que, tiempo después, se podría transportar la electricidad, mediante la incorporación de los transformadores", cuenta Treviño.

El carbón que ya en 1896 alimentaba la moderna térmica de la calle de Mata, en el Paral·lel barcelonés, y que a partir de 1910 serviría para la de Sant Adrià de Besòs, era caro y escaso. Las centrales hidroeléctricas empezaron a verse como la mejor solución.

El giro definitivo se produjo en 1911, un centenario que a lo largo de este 2012 se sigue conmemorando en muchas poblaciones catalanas. ¿Qué pasó ese año? Pues que empezaron las obras, con pocos meses de diferencia, de las primeras grandes infraestructuras de producción hidroeléctrica, las instalaciones que abrieron las puertas a la electrificación de Catalunya: el canal de Seròs (Segrià) y el embalse de Sant Antoni (Pallars Jussà), impulsadas ambas por la Barcelona Traction Light and Power, conocida como La Canadiense ¿por haberse constituido en Toronto¿, y la central de Capdella (Pallars Jussà), promovida por Energía Eléctrica de Cataluña, una sociedad de capital francosuizo, aunque creada por el emprendedor Emili Riu, originario del Pirineo.

Los tres emplazamientos se disputan hoy la medalla del pionero, aunque para ser justos hay que concederle a Capdella el honor de haber sido, en enero de 1914, la primera central en entrar en funcionamiento para abastecer, fundamentalmente, a la industria barcelonesa.

Con el transcurrir de los años, las dos empresas (que fueron creciendo a base de comprar concesiones de agua y de adquirir el capital de compañías de menor tamaño, hasta llegar finalmente a unirse) iban a entrar en la historia de Catalunya.

No solo por ser las responsables de los inicios de la electrificación o por sufrir, en el caso de La Canadiense, una de las más virulentas huelgas del siglo pasado ¿en 1919¿, sino por el fuerte impacto social y económico que su presencia supuso para el Pirineo.

El desembarco de los entre 3.000 y 4.000 obreros que se movilizaban en cada proyecto fue una auténtica revolución para unos valles que hasta entonces vivían de la agricultura y la ganadería.

Transportaron "nuevos aires de modernidad", afirma Eva Perisé, del Museu Hidroelèctric de Capdella. "Socialmente, el impacto más importante fue la salarización, ya que hasta aquel momento los ingresos de las familias del Pirineo dependían de cuándo y a qué precio se vendían los productos del campo. Las hidroeléctricas, en cambio, pagaban cada sábado, lo que garantizaba un ingreso fijo semanal", explica la responsable del equipamiento, donde se describe de forma muy visual y didáctica la historia de esta singular instalación.

Y con los obreros, que introdujeron nuevos hábitos, costumbres desconocidas hasta entonces en las comarcas de montaña, llegaron también unas redes de caminos mejoradas, las últimas tecnologías del momento, escuelas para los niños (para los hijos de los trabajadores, a las que luego asistieron los chavales del pueblo), tiendas de ultramarinos, sesiones de baile con orquesta el día de la fiesta mayor y, más adelante, el cine.

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