El Periódico

Català de l'Any 2016

LA ENTREVISTA

Salvador Esquena: «Hay médicos que ensayan técnicas en el tercer mundo»

Este oncourólogo catalán se ha atrevido a destapar las vergüenzas de su gremio. Por su libro 'En la pell del pacient' desfilan especialistas poco empáticos, vendedores de humo en los congresos, amigos del incentivo y "terroristas" del oficio. Un MediLeaks (sin nombres ni apellidos) en toda regla. 

Domingo, 17 de abril del 2016

El doctor Salvador Esquena, con la preceptiva bata y el sano don de la autocrítica.

Nadie había roto la 'omertá' corporativa. Hasta el doctor Salvador Esquena. Su libro 'En la pell del pacient' (Ara Llibres) levanta la alfombra de su colectivo para mostrar las manchas y churretes que no vemos los profanos. O sea, colegas untados, falseadores de datos, egocéntricos más interesados en la enfermedad que en el enfermo, quemados, vendedores de refritos, cirujanos que cogen soltura en países subdesarrollados...

¿Esa bata que lleva es antibalas? No, no. Es más, cantidad de médicos se han puesto en contacto conmigo y me han dicho: "¡Ya era hora de que alguien explicara la realidad!"

¿A qué venía tanto silencio? El médico sigue manteniendo el prestigio social, pero los que dirigen la sanidad no lo respetan demasiado. Los sueldos son bajos y se trabajan muchas horas, a veces en condiciones pésimas. Somos mano de obra intercambiable. Eso, sumado al hecho de que aumentan las denuncias y las agresiones verbales o físicas en urgencias, alimentan el corporativismo. La incomprensión hace que muchos, por autoprotección, miren hacia otro lado y callen.

Y usted va y da un paso al frente. Los médicos sabemos qué pasa, pero yo quería que lo supieran los pacientes. A los médicos se les presupone una ética superior al resto de la sociedad y eso es mentira.

Aplique el bisturí sobre la peor de las faltas éticas. A mi juicio, lo peor de lo peor es el médico de la privada que se anuncia a página entera en un diario vendiendo por mil euros una solución que vale 20 en la Seguridad Social. O propone una técnica quirúrgica "mejor", que hay que pagar aparte -a veces en negro-, y opera con la tradicional. Son terroristas de la medicina.

¿Eso está ocurriendo aquí? Cada día. Y los tenemos identificados. Si pregunta a los 20 urólogos que hacen privada, todos coincidirán en dar los nombres de los seis piratas. Estos tíos operan y cobran, y si hay complicaciones se sacan al enfermo de encima y te lo rebotan a ti.

¿Por qué no denuncian, ustedes o el Col.legi de Metges? Deben denunciar los pacientes, pero muchas veces ni saben que les engañan. No es tan fácil demostrar que un médico miente. Pero hay que sacarlos de la profesión. No merecen ver enfermos. Son delincuentes.

Prosiga con la biopsia. Cada día aparece una técnica nueva o un nuevo aparato. Lo honesto es que, para ponerlos en práctica, busques a alguien que sepa mucho y supervise tus 25 primeros casos. Pero muchos médicos ven la técnica en un congreso y, a la vuelta, ya operan a un enfermo. Y así, hasta llegar al número 25. ¿Y los 24 previos? Lo probable es que surjan un montón de complicaciones. En vez de dos horas de intervención, siete. En vez de sangrar 200 mililitros, un litro...

Hay quien incluso va al tercer mundo a coger soltura, sostiene. En medicina no existen los Messi. Un cirujano sabe mucho cuando ha operado mucho. El especialista puede hacer la 'curva de aprendizaje' por su cuenta, incluso sin informar al paciente; y puede coger el atajo y, con la excusa del altruismo, ir al tercer mundo a operar a 300 en tres meses, haciendo lo que no se atreve aquí y, a la vuelta, a ganar dinero por ser un pionero. Ahora, entre los cirujanos de EEUU y Europa se está poniendo de moda ir a China e India a 'hacer números'. Y si hay complicaciones, bueno, son "ciudadanos de segunda".

Espantoso. Luego está el unto de la industria farmacéutica. La patronal Farmaindustria ha cerrado el grifo, pero durante 30 o 40 años fue una verdadera orgía. Hablé con visitadores médicos con 40 años en la profesión y me contaron cosas increíbles. A cambio de sobreindicar fármacos cuyo coste repercutía en la Seguridad Social, algunos 'sugerían' regalos como tablas de windsurf, viajes familiares, aparatos para la consulta y hasta la comunión de un hijo.

¡Si levantara la cabeza Hipócrates! Un jefe de servicio muy famoso de Barcelona, insinuando al visitador que podía influir en lo que se prescribía en sus dominios, le dijo: "Y recuerda que me gustan los coches deportivos". El hecho de que sea un líder de opinión o un médico de prestigio no libra de caer en estas cosas.

claves biográficas

  • Tataranieto, bisnieto y nieto de médicos, creció entre Malgrat y Blanes, y a los 10 años le regalaron su primer botiquín para curar a sus amigos.
  • Se licenció en Medicina y Cirugía por la UB, se formó en el Vall d'Hebron y hoy es médico adjunto de la unidad de Urología Oncológica de la Fundació Puigvert.
  • Su cuenta en Twitter, Duc de Mantua, abierta en el 2011, es un referente para espíritus críticos y hedonistas sosegados. Su goteo de tuits afilados sobre su colectivo llamó la atención de la editora de Ara Llibres. Ese fue el germen de 'En la pell del pacient'.

La industria farmacéutica sigue pagando los congresos, otra zona oscura. La industria farmacéutica tiene claroscuros. Produce buenos productos y hace lo posible por incorporarlos en el mercado. Como es quien paga la formación continua de los médicos -absolutamente necesaria-, le resulta rentable organizar congresos. Y a los médicos les interesa ir para ser vistos y ganar prestigio, aunque muchos venden humo.

¿Qué clase de «humo»? Presentan 'refritos', y al siguiente año explican lo mismo.

¿Nadie se levanta y les silba? He visto peloteras entre un líder de opinión y alguien que le interpelaba, pero al día siguiente, el que mentía volvía a subir al estrado. Y luego están los periodistas...

¡Ay! Los médicos y los hospitales se han dado cuenta de que una cierta repercusión mediática aporta recursos y prestigio. Así que cada día sale una noticia médica sobre el descubrimiento de la penicilina. Algunas son reales y otras, humo. El periodista trascribe escrupulosamente lo que le explican, pero debería contrastar la información con un experto.

'The Lancet' es la revista médica más prestigiosa del globo, ¿no? Una de las más prestigiosas.

Su editor, Richard Horton, admite que el 50% de lo que publica puede que no sea cierto. Los médicos sabemos que en las publicaciones científicas se miente por una serie de conflictos de interés: del propio científico que maquilla los resultados de un estudio -saca a los que fallecieron, a los que sangraron mucho... -; de la industria que los avala, de las universidades que lo que quieren es publicar. Uno de cada 50 científicos admite haber falseado resultados. La ciencia está dando un giro hacia la oscuridad, como afirma Horton.

Tal y como lo pinta, eso parece. El fraude científico ha existido a lo largo de la historia. Mendel contó guisantes como le interesó en sus trabajos de genética y Galileo no hizo los experimentos que probaban la rotación de la Tierra. Pero ahora el fraude científico es muy elevado. Porque se suma una situación dramática: la ciencia se ha convertido en una industria que mueve mucho dinero. Todo lo que lleva el sello 'científico' es dogma de fe.

Mejor no caer enfermo, vaya. Lo importante es encontrar al profesional adecuado, que son la inmensa mayoría.

¿Cómo saber quién es quién? Preguntando a un amigo médico.

Ganan los ricos y famosos otra vez. No es así. En manos de un desaprensivo, el rico y el famoso son un chollo. Jean Mitchell, profesora de Economía de la Salud en Georgetown, les llama pacientes 'cajero automático'. Pero no quiero crear un clima catastrofista. Solo que la gente sepa.

Y pensar que en su cuenta de Twitter se define como "misántropo" y "hedonista". No lo tome en consideración. Es una cuenta del 2011, con seudónimo y una cierta pose. Ahora soy más yo, alguien indignado con las cosas que pasan. Sí es cierto que me gustan la ópera, la gastronomía y la literatura. Trabajo 12 o 14 horas al día y el fin de semana intento desconectar.

¿Y lo de la misantropía? Confío en las buenas personas de manera individual, pero tengo poca fe en la humanidad. La especie tiene un punto egoísta que, llevado al extremo, nos ha llevado a este momento deshumanizado, donde hay ciudadanos de primera y de segunda, donde los muertos no valen lo mismo en un lado que en otro. Y la medicina no deja de ser un reflejo de la sociedad.

¿Usted no adolece de ninguno de los males que denuncia? A veces, por el volumen de pacientes, tengo que comunicar un cáncer en cinco minutos y me indigna. Además, todos los cirujanos tenemos un punto egocéntrico. Probablemente sin él sería difícil dedicarse a esto.

Operar no es hacer corta y pega. No. Tienes al paciente sangrando un litro y no lo puedes parar, y acabas esa cirugía y te espera otra después, y por la noche debes hacer un trasplante. Aun así, eso no te sitúa por encima del bien y del mal.

Los que ha salvado seguro que lo sitúan ahí. No hay nada más satisfactorio que ayudar a los otros.