Los robos suelen generar instantes de desconcierto y confusión. La sorpresa de descubrir que te han quitado lo que es tuyo, la tristeza de comprobar el valor de lo perdido y el mal trago de tener que ir a comisaría a poner una denuncia. Con suerte, si no hay violencia, la mala experiencia acaba olvidándose en unas pocas semanas. Sin embargo, Andrea B., una costarricense que vivió unos días de vacaciones en julio en Barcelona, no puede pasar página del robo de su iPhone. Una aplicación tecnológica que tenía activa en su smartphone la está convirtiendo en testigo de la afición por la fotografía que tiene o el hombre que le robó el teléfono o la persona a la que este se lo vendió.
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