• Jueves 20 junio 2013, 03:30 h

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EL PERIÓDICO publicó ayer un 'Tema del Día' que radiografiaba el robo de motos en Barcelona. Informaba de que cada día se roban siete y explicaba cómo actúan los ladrones. Los lectores enviaron al diario a través de la web decenas de historias sobre su (mala) experiencia con este fenómeno delictivo. Este texto recoge algunas.

¿TE HAN ROBADO LA MOTO?
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El robo de mi moto

Entre las experiencias de los lectores se cuentan desapariciones dobles y triples y vehículos sustraídos el primer día

Los finales felices también existen, aunque son menos frecuentes

Viernes, 24 de agosto del 2012 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
Graban a unos supuestos ladrones robando una moto POLICIA.CAT
EL PERIÓDICO
BARCELONA

En Barcelona se roban muchas motos, siete al día según los datos de los Mossos d'Esquadra, y muchos barceloneses tienen alguna historia que contar sobre estas sustracciones, propia o ajena. Tan extendido está este delito que un lector envió ayer a EL PERIÓDICO un vídeo que muestra una furgoneta llevándose una motocicleta aparcada, y son varios los lectores que aseguran haber visto furgonetas llevándose estos vehículos en medio de la calle, como J. Aparicio en la plaza de Palau y Pere Bonet, cuyo vecino fue testigo de la desaparición por este método de su escúter.

Objeto de deseo Aparcamiento para motos en el aeropuerto de El Prat. RICARD CUGAT

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Información publicada en la página 23 de la sección de cv Sociedad de la edición impresa del día 24 de agosto de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)

Pedro Peirot, en cambio, no vio qué sucedió. Al no disponer de coche para salir los fines de semana, decidió cambiar su escúter por una moto grande que le permitiera hacer salidas a la costa con su pareja. Tras aparcarla en el gimnasio el primer día, el vehículo desapareció.

Si el robo de una moto ya es una mala experiencia, tanto por el vehículo como por la rabia y los contratiempos que supone, ya que en Barcelona suele usarse como medio de transporte habitual, no digamos cuando sucede más de una vez.

Es el caso de Francisco Diez, que ha sufrido dos robos, ambos dentro de un aparcamiento y con la pitón puesta, y de J. Aparicio, que a sus 60 años cuenta ya con tres robos a sus espaldas: una Bultaco, una Honda Scoopy y una Honda Dylan. Tras los tres traumas, ahora circula con otro escúter, el más «viejo y feo» que ha encontrado, que le está durando más que las anteriores.

«No sabía si reír o llorar»

Por lo visto la práctica de comprarse una moto de menos cilindrada y marca poco conocida está bastante extendida entre los lectores. Carlos Rosón así lo hizo después de que a él y a su vecino les robaran las motos dentro del aparcamiento, y Claudio Hasbun, tras una experiencia aún peor. Después de llegar a Barcelona en el 2007, a finales del 2009 decidió comprarse la primera moto, una KTM. «¿Por qué esta? Por la sencilla razón de que las estadísticas mencionaban que las KTM eran poco codiciadas por los ladrones, además de que esta marca austriaca y exótica me encanta». Pero ocho meses después desapareció y al no tenerla asegurada contra robo, Claudio perdió los 9.500 euros que le había costado. Un año después y con otra KTM, esta asegurada, la mala suerte se cruzó de nuevo en su camino y a plena luz del día le volvieron a robar la moto. «No sabía si reír o llorar», comenta. Hoy por hoy va con una Vespa que espera que le dure «más de un año».

Las historias de motos robadas a veces acaban bien. Al hermano de Óscar Hens le robó el vehículo el vecino de un amigo y gracias a que este conocía la moto la pudo recuperar pocos días después. El final del robo sufrido por María Álvarez fue extraño además de feliz. Dos días después de la desaparición de su vehículo de dos ruedas, lo encontró en el mismo sitio donde lo había aparcado pero sin pitón.

Y otro final feliz todavía más extraño, con dosis de acción incluida. Después de que le robaran la moto, Pedro Sepúlveda circulaba con su mujer en coche por el 22@ cuando ella distinguió la motocicleta sustraída al pasar por su lado y decidieron emprender una persecución. En un semáforo, Pedro bajó del coche y persiguió al ladrón unas cuantas calles a pie, cruzando semáforos en rojo y corriendo en medio de los coches, hasta que perdió de vista al vehículo. Su vehículo. Ya lo había dado por perdido otra vez, pero minutos después lo vio aparcado en una esquina cercana y lo recuperó. «Empecé a gritar y a saltar, la persecución había dado sus frutos», relata. Un final de película.

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