Google Maps ha vuelto a ser noticia. En esta ocasión no se trata de un nuevo logro de sus mapas por internet. Por el contrario, el celo por la eficiencia y la automatización de procesos ha desembocado en el absurdo. La obsesión traductora de Google, que en ocasiones es una bendición en la lectura de webs extranjeras, ha conseguido ser algo más de un estorbo. En esta ocasión la insensibilidad lingüística ha desembocado en la modificación arbitraria del nomenclator de las poblaciones catalanas. El celo bilingüista ha rebautizado la calle de Sostres como calle de Techos, la de la Farigola es la del Tomillo, la avenida del Coll del Portell es la del Cuello del Portillo. No son la excepción. Más bien el ejemplo de un mayúsculo despropósito que ha supuesto la petición generalizada de enmienda en las redes sociales. Si se utilizan los mapas de Google para quedar con un foráneo será dificil llegar a un acuerdo en el punto de encuentro. Quedar en la calle de la Virgen del Cuello hará aparecer en cualquier barcelonés un gran interrogante invisible sobre su cabeza, hasta caer en la cuenta de que calle se trata. Eso si lo descubre.
El patinazo de Google Maps como consecuencia de su insensibilidad con la diversidad de lenguas tuvo este viernes una repercusión inmediata en las redes sociales. El hashtag #googlecat se alzó hasta los trending topics de más uso de la jornada. El flujo de comentarios, algunos de queja, otros jocosos, fue incesante en Twitter. Y es que la lista de atentados a la lengua y a las costumbres, contra las calles de siempre, es interminable y da para muchos mensajes de 140 caracteres. En cualquier caso, resulta difícil saber donde está la calle de Juanito Martorell, de la Ardilla Voladora, o de los Pardillos... Como mínimo en la red de redes.
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