El servicio meteorológico del Valle de Aosta (Italia) publicó su boletín del viernes pasado antes de las dos de la tarde. La previsión en alta montaña era de temporales para el día y de temporales intensos para el sábado y, sobre todo, el domingo y el lunes, con vientos huracanados. Joan Carles Liévanas Ruiz, de 42 años y vecino de Tarragona, y sus dos compañeros, una mujer de Girona y un hombre de Vilafranca del Penedès que no quieren que se conozca su identidad, habían dejado el coche en Chamonix (Francia) y comenzaron la ascensión del Monte Maldito, camino del Mont Blanc. Tenían detrás 20 años de experiencia y por delante 48 horas antes de que llegase una tormenta sonada. Según sus arriesgados cálculos había tiempo.
Información publicada en la página 22 de la sección de cv Sociedad de la edición impresa del día 08 de agosto de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
«Con un tiempo excelente, empezamos a subir», explicó ayer Liévanas desde el Hospital de Aosta, con las manos vendadas por un principio de congelación que le obligará a permanecer en el centro uno o dos días más, mientras que sus compañeros fueron dados de alta ayer. Habla por un teléfono que le sostiene al oído Tiziano Trevisan, responsable de comunicación del centro. «Pensábamos que cuando llegara la gran tormenta ya estaríamos fuera», dice. No fue así y el lunes a última hora de la tarde pudieron ser rescatados tras pasar más de dos días atrapados a 4.150 metros por el mal tiempo.
En la gendarmería de Chamonix y en la Protección Civil italiana estaban seguros de que nadie entraría en el macizo del Mont Blanc, que se yergue majestuoso en la frontera. Delfino Viglione, comandante de la Guardia de Finanzas (GdF) de la pedanía de Entreves (Courmayeur), tal vez pensó en dos días tranquilos.
EQUIPAJE COMPLETO / Liévanas y sus compañeros alcanzaron el refugio Torino, durmieron y el sábado empezaron a subir de verdad. «Llevábamos un equipaje completo», recuerda. Todo iba bien hasta que el tiempo comenzó a enrarecerse. Nubes bajas y niebla les hicieron errar una dirección. «Nos liamos y perdimos muchas horas». La tormenta se les echó encima y con ella vientos de 150 kilómetros por hora. Imposible subir y también bajar. «Cuando te metes en la montaña hay un punto de no retorno», cuenta Liévanas con una voz que parece una ametralladora. «Tengo los nervios afectados y debo asimilar que sigo con vida», justifica, evocando que su esposa tal vez agradecería este aspecto: «Siempre dice que hablo poco».
Decidieron rendirse al Monte Maldito. «La tormenta era muy bestia», dice. Fue una decisión conjunta y sufrida. Liévanas alertó dramáticamente a su madre. «Quería que se moviera rápido». La petición de socorro llegó a Viglione desde el consulado español de Génova.
Los italianos les aconsejaron resguardarse en el lado francés, donde el viento era más suave, y una vez allí excavaron una pequeña gruta con el pico. La montañera de Girona acababa de escalar el Huascarán (6.768 metros), en los Andes. «No, no tuve miedo, porque debes pensar en muchas cosas», evoca Liévanas. «Como puedes morir, estás tan obsesionado por sobrevivir que no hay espacio para el miedo». Pasaron más de 48 horas apretujados en el cubículo de nieve, tapados con las fundas de vivac, compartiendo intimidades. Llevaban comida, los restos de 10 litros de agua para cada uno y un infiernillo de gas para fundir nieve.
Mientras, un infierno verdadero se había desatado en el exterior, con nieve y granizo que volaban por el viento. «No comes porque no sientes el hambre». Las horas pasaban y en Chamonix y Entreves consultaban los partes. «A pie no vamos a buscarles porque es demasiado arriesgado», argumentó el comandante. Y con vientos tremendos tampoco el helicóptero podía moverse. «Emocionalmente cada momento es distinto. Te sube el optimismo, te resignas a morir... y entonces oyes el zumbido del helicóptero», relata Liévanas. El montañero no deja de hablar, pegado al teléfono como si fuera una droga. «El lunes pendíamos de un hilo. Si no nos hubiesen salvado, esta entrevista...», acaba. Quizá no habría existido nunca.
Otro montañero español está desaparecido en el Mont Blanc desde el viernes.