Nada tiene que ver su actitud actual con la que exhibió tras conocer la muerte de Diana. Estuvo cinco días encerrada en Balmoral, en su residencia de verano, con el príncipe Carlos y sus hijos, Guillermo y Enrique. La opinión pública no aceptó que la reina buscara la privacidad para que su hijo y sus nietos lloraran a Diana lejos de los objetivos de los paparazis. Aquella frialdad que congeló los corazones de los británicos se ha convertido en calidez (británica, la flema nunca se pierde) para sorpresa de todos.
Información publicada en la página 4 de la sección de Tema del día de la edición impresa del día 31 de agosto de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
¿Quién le iba a decir que hoy, a los 86 años, 15 después del trauma que supuso para la monarquía la desaparición de la princesa Diana, Isabel II viviría uno de los momentos más dulces de su reinado? ¿Quién iba a imaginar, seis décadas después de su llegada al trono, que iba a ser aclamada por los británicos durante largas semanas de Jubileo? ¿Quién iba a atreverse a imaginar siquiera que sería capaz de dar réplica a James Bond en un cameo para la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Londres? Pero ahí está ella, pletórica, feliz, solo pendiente de los achaques y las metedura de pata de su lenguaraz marido, el duque de Edimburgo.