La calidad democrática es un potente camino para afrontar los cambios y las demandas económicas y sociales. El debate sobre el derecho a decidir, la legitimidad de la decisión y las condiciones de aceptación de un rescate financiero o las demandas de Estado propio han agitado las opiniones ciudadanas, en un momento en el que algunas respuestas a la crisis amenazan el bienestar y los derechos fundamentales. Estos debates requieren de legitimidad y calidad democrática para concluir en propuestas que avancen socialmente. Y yo identifico los cimientos para edificar un diálogo fecundo y positivo en la participación y la información, así como en la naturaleza activa de las instituciones y la representación política y ciudadana.
Información publicada en la página 34 de la sección de cv Sociedad de la edición impresa del día 06 de octubre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Una mirada al futuro con esperanza se ha de basar en tres pilares: por una parte, el conocimiento y la reflexión; por otra, la divulgación e información, y, finalmente, el análisis de alternativas y la acción. Nuestra sociedad depende de su capacidad para reflexionar en profundidad, desde el estudio y la investigación, desde el pensamiento científico. También de su preparación para formular las preguntas adecuadas y de las respuestas de las que nacerán nuevas preguntas… Pero, sobre todo, depende de su rigor en los razonamientos, de la defensa de las alternativas más eficaces y adaptadas, del compromiso del pensamiento científico con las necesidades más concretas y actuales de nuestra sociedad. La educación, la universidad, acoge en su seno, función social y génesis la generación, formación y divulgación de este conocimiento y rigor científico.
Nuestra sociedad es muy consciente del papel del conocimiento, la formación superior, el pensamiento científico y humanista, las visiones críticas, el análisis de alternativas…Todo ello como camino para salir de la crisis. El prestigio de la universidad como institución centenaria se refleja en las opiniones colectivas. Una universidad activa, potente, independiente y autónoma, con recursos suficientes, es la mejor base para afrontar con éxito la crisis. En este sentido es necesario reforzar la autonomía de los estudios superiores y gestionar muy bien sus recursos en tiempos de dificultades, pero es imprescindible definir la universidad pública como prioridad.
En segundo lugar, me refiero a la información, la difusión de las ideas y de los acontecimientos, la crónica y la interpretación de los hechos, el debate y el contraste como elemento clave de calidad democrática. Este es el papel de los medios de comunicación. De su diversidad, de su potencia, de su independencia y de su capacidad crítica depende también nuestro potencial de respuesta a la crisis, de detectar el interés y la diversidad del debate, y de llegar al ciudadano y su comprensión. Son necesarios unos medios de comunicación que garanticen transparencia y sean altavoz de la diversidad y las voces críticas. Una información transparente y en tiempo real, el acercamiento del mundo global y la realidad local a cada ciudadano, la detección de la noticia, el eco de las minorías… Este y otros muchos servicios que representan o prestan los diferentes medios de comunicación en prensa escrita, radio, televisión y nuevas tecnologías resultan vitales para que un ciudadano esté informado y pueda así ejercer sus decisiones con plenas garantías de conocimiento.
Cambio político profundo
Finalmente, para que nuestra sociedad funcione es imprescindible la acción. La representación es la canalización democrática de los diferentes colectivos, zonas u opiniones para hacer más eficaz el debate y la decisión última. La profundización de la democracia requiere también de un cambio profundo en la política (y en los políticos) para hacerla más permeable, más próxima, más directamente ligada a la ciudadanía y a sus necesidades concretas.
La situación actual no es fácil. La universidad, los medios de comunicación y la política deben sumar esfuerzos desde sus respectivas responsabilidades para reforzar la calidad y la legitimidad del sistema democrático y de las decisiones. Nos jugamos mucho.