Aunque a años luz del partido turístico que Londres le saca a Jack El Destripador, una agencia de rutas culturales ha llevado a Barcelona a dar el primer paso para explotar su historia negra. "A los barceloneses les interesan mucho los crímenes de su ciudad", dice Joan Coll, director, de la empresa Cultruta. Eso le llevó a crear BCN Nocturna & Criminal, que en 12 estaciones recorre, desde la época romana al siglo XX, la biografía criminal de la ciudad.
Para preparar el itinerario, una miembro de Cultruta, Irene Reig, pasó dos meses buceando en libros y hemerotecas. "Barcelona tiene una tradición muy negra. Hallamos muchos casos. Lo difícil fue seleccionar", remata Reig. Que su clientela no sean turistas sino barceloneses les obliga a ser más rigurosos.
Una de las paradas de ese recorrido, que se hace siempre de noche, es en la calle de Avinyó, donde se explica el asesinato de Carmen Broto, una prostituta de la Barcelona de los 40. De un burdel en el Raval fue subiendo hasta ser la meretriz predilecta de la alta sociedad barcelonesa, lo que la hizo depositaria de valiosos secretos. La mujer se enamoró de un joven que la asesinó con una maza. Sobre su muerte, que conmocionó a la ciudad, se especuló que el asesino actuó por encargo, pues Broto amenazó con chantajear a potentados con gustos sexuales poco ortodoxos.
Más adelante, Coll conduce al grupo hasta el Pla de la Boqueria. En la puerta de la muralla que ahí había fueron obligados a vivir los verdugos de la ciudad. "La gente no los quería dentro. Estaban marcados, si iban a la taberna debían llevarse su propio vaso y se les obligaba a llevar capa amarilla para distinguirles", explica el guía, que se concentra en Nicomedes Méndez, quien fuera verdugo a finales del XIX. Para pasar desapercibido, Méndez se dejaba crecer la barba, que solo se afeitaba cuando debía cometer una ejecución. El hombre, cuya hija se suicidó después de que su prometido la dejara al conocer el oficio de su padre, creía que hacía un bien a la sociedad. "Hizo cambios en el garrote vil para ahorrar sufrimiento", cuenta Coll.
La comitiva se para en la plaza Reial. Ahí, Coll relata la historia de fray Vicenç, un monje de Poblet que robó varios valiosísimo libros. En Barcelona, comenzó a venderlos. Antes, siempre les arrancaba dos páginas. Así, el comprador regresaba a reclamarle. Entonces, el librero le mataba y recuperaba el valioso volumen. De esa historia apareció una reseña en la revista francesa La Gazette de Tribunaux, que inspiró a Gustave Flaubert para escribir Bibliomanía. La historia del librero asesino de Barcelona.
Una de las últimas paradas es ante un portal de lacalle de Picalquers, donde se encuentra uno de los pisos en que residió y cometió sus crímenes Enriqueta Martí, la conocida como la vampira del Raval. Ante el portal, Coll sentencia: "Estar aquí, de noche, impresiona lo suyo".