UNA CATÁSTROFE NATURAL

La Valencia abrasada se indigna mientras Fabra saca pecho

El presidente dice que hubo «más medios que nunca» contra el fuego

Los primeros afectados regresan a sus casas y hacen balance de daños

Miércoles, 4 de julio - 00:00h.

Cinco días después, los vecinos del incendio de Cortes de Pallás volvieron ayer a sus casas. Sin agua y sin luz, impotentes e indignados por la escasez de medios que impidió sofocar las llamas que han convertido su paraíso arbolado en un paisaje lunar. Al mismo tiempo, el presidente de la Comunidad Valenciana, Alberto Fabra, comparecía ante los medios y negaba los recortes presupuestarios en prevención al mismo tiempo que defendía que hubo «más dispositivos y personal que nunca» en la extinción de los dos incendios que quemaron 50.000 hectáreas de 22 municipios y causaron la evacuación de 4.000 personas.

Fabra repitió en su comparecencia junto al ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, la versión oficial, que el viento y el calor empeoraron el desastre, y evitó hablar de responsabilidades políticas. Sí anunció la creación de una comisión para determinar las ayudas que recibirán los afectados en la que estarán los Gobiernos central y autonómico además de las Diputaciones.

EVITABLE Pero una indemnización no basta a quienes el dinero no les devolverá sus montes. Exigen una explicación. «Se hubiera podido evitar», decía ayer Vicente Martínez, vecino de Macastre, lamentándose de que no se contó con las brigadas forestales, conocedoras del terreno, ni se aprovechó el agua del cercano río Magro para apagar las llamas. A Jeremy Holdkinston, que vive más arriba, la Guardia Civil le dio tres minutos para abandonar su casa. Salió a toda prisa, en coche, dejando otro turismo que quedó calcinado. Jennifer Arcos regenta el bar de una urbanización próxima a Dos Aguas. Allí la Unidad Militar de Emergencia montó un puesto de vigilancia el jueves por la noche, el mismo día que empezó el fuego. «Creían que el sitio era seguro y que el fuego tardaría diez horas en llegar. Les dijimos que las llamas estaban a tres barrancos. Esperaban a los helicópteros para actuar», narra Arcos, que les sirvió la cena como pidieron. Dos horas después, les dieron un cuarto de hora para evacuar. Las llamas estaban allí y ni rastro de los helicópteros. «Se les escapó de las manos», zanja Arcos el día que reabre el bar, pegado a la carretera que lleva hasta el pantano de Forata donde ayer se rescató el cuerpo sin vida del piloto del helicóptero accidentado el lunes.

CAMPOS DE CULTIVO «No sabemos por qué dejaron llegar el fuego hasta aquí», dice Enriqueta Montesinos, cuya casa está casi a 40 kilómetros del foco del incendio. El sábado les dijeron que era «casi imposible» que les alcanzara. Los cortafuegos no estaban despejados y el bosque seco actuó de mecha. Solo los campos cultivados cortaron el paso del fuego. Por eso, de repente, en medio del matorral aún humeante se alza un cuadrilátero de olivos o almendros que resistieron. «Hay prioridades en el presupuesto, no sé cuáles, pero esto es un desastre ecológico», se lamenta Manuel Blanco, cuya casa ha ardido por segunda vez en 21 años.

Las quejas se repiten aquí y allá. En Altura, varios vecinos se unieron para salvar una masía agrícola, negándose a acatar la orden de evacuación de la Guardia Civil. Ernesto Pérez, alcalde de Teresa, exige la dimisión del consejero de Gobernación, Serafín Castellano. Su jefe, el presidente Fabra, insitió ayer en que no «fallará» a los afectados, y calificó el incendio de un «accidente» que puso a examen a su Administración y al que esta supo responder. Según los afectados, la Generalitat valenciana no pasó el examen con nota.