UN DEPORTE EN HORAS BAJAS

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La falta de sangre nueva y la crisis han reducido a 40 los clubs de billar francés que quedan en Catalunya, solo tres de ellos en Barcelona

El deterioro se apodera de locales con solera

Martes, 1 de mayo - 00:00h.

En el pórtico del cine Coliseum, a mano derecha, se encuentra la entrada del Club de Billar Barcelona. Tras bajar unas escaleras que conocieron mejores tiempos, abrir una puerta chirriante y toparse con una barra de bar vetusta y desierta, puede pensarse que el sitio está abandonado desde hace años. Silencio y olor a cerrado. No obstante, hay una luz tenue detrás de una puerta. Y es justamente ahí donde está la sede del Club de Billar Barcelona, uno de los últimos reductos del billar francés en Catalunya.

Con cristales rotos en las ventanas y desconchones y manchas de humedad en las paredes, el Club de Billar Monforte no presenta un panorama mucho más alentador. El aspecto de esta asociación situada en la Rambla refleja su salud. Y es que su existencia pende de un hilo: «Si nos suben el alquiler que pagamos, muy bajo, nos echan a la calle», explica Jorge Romero, socio y encargado de la dirección deportiva. El futuro del círculo es tan incierto que hace cuatro años que no tiene presidente. «Esto se puede ir al garete en cualquier momento y nadie se quiere hacer cargo», lamenta Romero.

Futuro muy negro

El alquiler del Club de Billar Barcelona no es precisamente bajo. Y afrontarlo «se hace cada vez más difícil», explica Miquel Casademunt, el vicepresidente de la entidad. Se pagan unos 3.000 euros al mes y los ingresos por la cuotas de los socios apenas permiten pagarlos. «Con la crisis la gente se da de baja y cada vez somos menos socios. Si no hay una intervención de la federación, no se podrá mantener este deporte», asegura Casademunt.

De la misma opinión es Jordi Armengo, miembro de la junta directiva del Club de Billar Sants, el tercer y último club de billar que queda en Barcelona: «Los clubs tienen la esperanza de vida que tienen sus socios pensionistas». Y más de lo mismo opina Miquel Llompart, el presidente de la Federació Catalana de Billar: «Esta actividad tiene un futuro muy negro y es casi imposible reavivarla». Y a las pruebas se remite: de 10 clubs federados que había en la ciudad en la década de 1990, solo quedan tres. Llompart, que este año cumple los 80, es el que menos confía en la continuidad del billar de carambolas. Los cada vez menos y más mayores seguidores del billar y la falta de jóvenes jugadores que puedan continuar con el pasatiempo, son algunos de los motivos que sostienen la tesis de Llompart.

Pero a Marta Serramitjana, tres veces ganadora de la liga nacional, no le extraña que los jóvenes no se aficionen al billar de carambolas: «Es un mundo muy cerrado y si vas a competir, eres joven y además mujer, no te toman en serio», dice. Y rememora sus vivencias: «A veces, cuando mi contrincante se enteraba de que iba a competir con una chica, no se presentaba al campeonato, y si accedía a competir y yo iba ganando, se retiraba antes de perder».

Estas dificultades han provocado, según Serramitjana, que este año solo se hayan presentado cuatro mujeres al campeonato nacional del 2012: «Es vergonzoso», lamenta la chica.

Sin dinero para divulgación

Aun así, hay aficionados que confían en el futuro de la actividad: «Hay formas de reactivar este deporte, como por ejemplo haciendo cursos en los colegios, pero no tenemos dinero», asegura Manel Parès, socio del club Monforte. Y no se equivoca. En la mayoría de los pueblos de Catalunya con club de billar el ayuntamiento cede el local e incluso paga la luz. Es el caso del Club Billar Llinars y así lo confirma su Presidente, Jaume Vila Palau: «Al recibir ayudas hemos podido poner cuatro mesas e invertir en el club».

Lo que está claro es que los miembros de los clubs luchan para mantenerlos con vida ya que «nunca se ha podido vivir de esto», asegura Jaume Navarro, 53 años como socio del Club de Billar Sants.

Dani Sánchez es la excepción que confirma esta regla. Después de haber sido tres veces campeón del mundo, ahora puede vivir del billar y no cree que este deporte esté acabado. «Ya casi no quedan clubs en Barcelona -admite Sánchez-, pero hay muchos en los pueblos de Catalunya. No se ha producido una desaparición de estos locales, sino una reestructuración». Con todo, Sánchez reconoce que de los 70 clubs de billar que había en Catalunya, ahora solo quedan 40. Aunque él se puede ganar la vida con el taco, anima a la gente a descubrir el billar de carambolas, pero no a que se busque en él una salida profesional.