El comisario responsable de la investigación de la desaparición de los niños de Córdoba solo distingue los huesos de aceituna. Por eso, cuando la facultativa afirmó en su informe con rotundidad que en la hoguera de Las Quemadillas no se había incinerado ningún cuerpo o resto humano, no tuvo más remedio que creerla. Primero por su prestigio, cosechado en más de 15 años trabajando como experta en antropología en los laboratorios de la policía científica, y porque han colaborado en muchísimas ocasiones, la última cuando se recuperó en el río Manzanares el cuerpo triturado de un serbio víctima de los Tigres de Arkan. Pero a pesar de todo, durante los 11 meses de búsqueda infructuosa de los hermanos Ruth y José, cada vez que se encontraban le decía: "¿Y los huesos? ¿Estás segura?". Y lo estaba. Y el responsable de la investigación no tenía más remedio que creerla. Pero seguía dudando. De modo que cuando a principios de agosto la familia de Ruth, la madre de los menores, telefoneó a la policía para preguntar qué les parecía que el médico forense Francisco Etxeberria volviera a estudiar los restos óseos, porque dudaba de su origen animal, a los investigadores se les abrió el cielo y no dudaron en decir que sí. Pero antes tenían que consultarlo al juez instructor José Antonio Rodríguez Lainz, que tampoco se opuso al nuevo estudio. Fue Etxeberria quien se ofreció a la familia.
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