casi toda la población española, nada menos que el 94%, respira aire contaminado por encima de la los niveles aceptados por la Organización Mundial de la Salud (OMS), y un 22% inhala aire ilegal, que sobrepasa los límites marcados por la legislación europea, más laxa que el organismo de la ONU. Estas son las principales conclusiones del informa anual correspondiente al 2011 sobre la calidad del aire de Ecologistas en Acción, que llama una vez más a todas las administraciones a «afrontar el problema con medidas eficaces».
Información publicada en la página 33 de la sección de cv Sociedad de la edición impresa del día 03 de octubre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Los datos no son muy diferentes a los de años anteriores. Excluidos los factores que distorsionan la comparación (aumento de las áreas con aparatos de medición y criterios diferentes de las administraciones) los datos revelan que el año pasado siguió la tendencia iniciada en el 2009 de ligera reducción de los niveles de contaminación, debido especialmente a tres factores: el descenso de la movilidad y por tanto del consumo de combustibles, la menor actividad industrial y la mejora en la eficiencia de los motores. Los dos primeros están relacionados con la crisis y no con la toma de decisiones planificadas, pero muestran la importante incidencia que tendría en la calidad del aire cualquier medida de limitación de la circulación.
EL OZONO TROPOSFÉRICO / Uno de los datos más relevantes del informe es la medición del ozono troposférico, considerado por los expertos como uno de los más nocivos para la salud humana junto a la contaminación por partículas, ya que puede causar o agravar problemas respiratorios y la exposición a este agente en ciudades aún es muy alta. Es el que más afecta a las zonas rurales. El 79% de la población total (unos 37,1 millones) respira aire contaminado por el ozono troposférico.
El dióxido de carbono y el dióxido de nitrógeno son los que afectan a las zonas urbanas, con especial incidencia en las áreas metropolitanas de Madrid y Barcelona. En la ciudad de Barcelona, por ejemplo, cuatro de las nueve estaciones de medición superaron la media anual de dióxido de nitrógeno permitida por la Unión Europea.