El Periódico

Plantón al donjuán estafador

Un hombre asiduo de páginas de citas acumula denuncias de una decena de mujeres por estafa y robo

Las víctimas se han organizado para desenmascararle y recopilar demandas

Plantón al donjuán estafador

JORDI COTRINA

Dos de las mujeres que han denunciado al donjuán que les estafó.

CARMEN JANÉ / BARCELONA

Domingo, 24 de enero del 2016 - 17:23 CET

Es difícil congregar a todas las policías del Estado detrás de alguien, cada una por un caso, pero Rodrigo N. va camino de conseguirlo. El hombre, que se hace llamar Roi, Adrián, Leto, y que pasa por ser alemán, italiano, sueco, diseñador, tatuador, programador o cocinero, acumula una varias denuncias por estafa en toda España de una decenas de víctimas, en su mayoría mujeres, a las que hizo creer que era el hombre de sus sueños antes de sustraerles dinero, móviles, ordenadores y otros aparatos, siempre bajo la coartada de un préstamo que nunca veía la fecha de devolución.

El donjuán virtual siempre se ha manejado por lo bajo. Cifras de entre 200 y 3.000 euros, un móvil, un ordenador portátil, instrumentos de tatuar, una cuenta de hotel, estancias en casas que sus víctimas le prestaban... Cuantías ajustadas que hicieran que sus víctimas, mujeres independientes, con recursos, universitarias y sin hijos, valoraran la conveniencia de entrar en un proceso judicial y topar con la incomprensión de su entorno.

Pero Rodrigo ha acabado por colmar la paciencia de algunas de quienes más creyeron en él y la venganza ha hecho que las afectadas estén difundiendo el caso en un blog y coordinando una demanda colectiva. Cuatro de las de Barcelona presentaron una demanda conjunta por estafa por un importe total que ronda los 8.000 euros que acabó archivada y que ahora se intenta reavivar. Pero hay otra en Getxo (Vizcaya), que sigue viva, y por la que han pedido prisión provisional para el demandado, y otras dos denuncias en Galicia. Más dos condenas previas, una en Málaga y otra en Valencia.

Copión de vidas ajenas

“Capta información de otras personas en internet y la hace pasar como propia. Así se ha presentado como un empresario sueco, el segundo chef de un restaurante nórdico, un noble italiano rebotado de la familia, músico, tatuador... Ha simulado la muerte de sus familiares no sé cuántas veces y ha contado increíbles historias sobre fondos retenidos a los que no podía acceder y problemas que eran fácilmente solucionables con una transferencia”, explica la ciberinvestigadora Selva Orejón, que intenta demostrar las andanzas online del sujeto.

 

Dos blogueros, Xan y Zor, fueron plagiados de tal forma que recibieron varios mensajes de reproche de las víctimas de Rodrigo. El primero, antropólogo y que viajaba con frecuencia a Asia y Suecia, acabó escribiendo varios posts en que destripaba la historia y la psicología del sujeto. Su blog se convirtió en uno de los principales puntos de reunión virtual de las afectadas, hasta que crearon uno propio.

 

La realidad es que Rodrigo no tiene talentos literarios como tampoco propiedades a su nombre ni domicilio conocido ni vinculación con Suecia, Rusia o Italia, como ha alegado ante algunas. Tampoco es el hombre apuesto que aparece en las fotos. “Parte de su estrategia es que la víctima se sienta tan en deuda con él que no pueda rechazarle por su aspecto físico cuando le ve en persona”, añade Orejón.

 

“Su dominio del espacio emocional y sus habilidades para jugar en el plano afectivo hacen que la víctima sienta lo que él quiere que sienta y cuando él quiera. Cuando consigue esta situación la víctima está indefensa y emocionalmente bloqueada. En ese momento consuma los fraudes y estafas económicas”, advierte el informe del psicólogo Jorge Jiménez Serrano.

 

“Lo complicado aquí es demostrar el daño emocional, que no es delito. Ya tiene dos condenas judiciales, una de ellas por robo, pero los objetos se han recuperado y el dinero se lo daban las víctimas. Si se demuestra un delito de estafa, el máximo son cinco años”, afirma la abogada Ruth Sala, que representa a las víctimas de Barcelona.

“Nos conocimos por Badoo, una web de contactos. Pasamos un tiempo chateando y de ahí a Whatsapp y a hablar por teléfono”, explica E., una de las impulsoras de la demanda. “Me explicó que era tatuador, que vivía en Suecia y que tenía que ir a Galicia para hacerse cargo de su hermana drogadicta. Meses después, con la confianza, le contó que su hermana se había muerto y E. le ofreció venir a Barcelona para ayudarle a superar el mal trago. “Vino por una semana, pero cuando le conocí no me gustó su físico. Nuestra relación fue siempre de amigos”, relata.

Mientras cocinaba para E. en Barcelona, Rodrigo quedaba con otras mujeres a las que había conocido por otras páginas de contactos. Nunca, relatan las víctimas, les presentaba a nadie de su círculo familiar o de amistades. Ni tampoco daba su nombre real, que descubrió una de sus enamoradas cuando halló su DNI, caducado desde hacía tiempo y que mostraba que había nacido en Marín (Pontevedra) en 1973.

FALSO TATUADOR

“Se presenta en todo momento como la persona que esperas: si te gustan las motos, aprenderá de motos, si te gusta el rojo, todo será rojo. Siempre se comporta como un caballero”, señala N., la única que afirma que siempre fue invitada por el donjuán, aunque perdió varios objetos. Esta tatuadora descubrió parte del engaño cuando forzó al supuesto artista del tatuaje a plasmarle una de sus obras en su pierna. “De teoría sabía mucho y de dibujar también, pero en la práctica me hizo una desgracia que voy a llevar encima toda mi vida”, comenta.

Rodrigo también utilizaba Facebook y en su perfil discriminaba la información que mostraba a cada una de sus víctimas. Hasta que se equivocó y evidenció a una que andaba con otra de sus conquistas. Esta le revisó su cuenta en la red social y contactó con otras mujeres a las que tenía agregadas. Y al comentar sus sospechas con sus amigos, alguien ató cabos y le habló de otra víctima.

E., N., M. y A., la última afectada, pasaron de Facebook a tomarse un café y decidieron emprender acciones legales. Le denunciaron por robo y estafa ante los Mossos d’Esquadra y les indicaron cuándo y dónde podían detenerle: la noche de San Valentín del 2014, en la casa de una de ellas. Acabó pasando 72 horas en comisaría porque le pillaron con objetos de las mujeres que en un primer momento dijo que eran suyos y de los que sus dueñas pudieron acreditar que los habían comprado ellas, pero el caso acabó archivado.

DAÑO EMOCIONAL

“Hay víctimas que se han quedado convencidas de que era el hombre de su vida o de que quería tener un hijo con ellas, incluso cuando ya les había robado y había desaparecido. Y a otras las ha intentado convencer de que todo era un complot en su contra”, afirma E. “Hay algunas que todavía están en tratamiento psicológico, porque las suele abordar cuando superan una ruptura o un divorcio”.

Uno de los problemas a los que se enfrentan las afectadas es la falta de conexión entre demandas, en tiempo y lugar pero también porque muchas se han puesto sobre identidades falsas… También se cuidaba de que las víctimas no se conocieran entre ellas y cambiaba de zona geográfica cuando consideraba que ya levantaba sospechas. Ahora ellas solo quieren pasar página y que no haya más afectadas.

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