Ni la temperatura extrema, ni la falta de oxígeno ni un inesperado ataque de nervios. Lo que más le preocupa al deportista austriaco Felix Baumgartner, que hoy tiene previsto abordar el récord del mundo de caída libre, con un salto desde 36 kilómetros de altura, es lograr una posición estable en los primeros momentos de la gesta, antes de alcanzar la velocidad del sonido.
"Para estabilizar mi cuerpo necesito resistencia al viento, pero el problema es que al principio no tendré ningún tipo de colchón de aire", ha declarado en una entrevista difundida por Red Bull, la empresa patrocinadora del salto. Si no controla el movimiento, corre el riesgo de empezar a dar vueltas en barrena y perder el sentido.
"El miedo ha llegado a ser un amigo mío -ha declarado-. Uno necesita estar mentalmente preparado y tener un control sobre todo lo que hace. Además, cuento con un increíble equipo. Yo confío en su experiencia y ellos han construido mi confianza". Por si acaso, si su cuerpo empieza a girar sin control, lleva un paracaídas auxiliar que se activaría automáticamente.
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