Por si no lo sabían, el consejo de gobierno del Banco Central Europeo se ha reunido esta semana en Barcelona: 22 personas han desarrollado aquí su actividad profesional con objeto de contribuir a mejorar las perspectivas económicas de la Europa del euro. Para ello ha sido preciso desplegar 8.000 agentes armados en una ciudad de 1.619.337 habitantes según el censo del 2010.
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Afortunadamente, hemos tenido la fiesta en paz: el despliegue de medios así lo ha garantizado, y en eso hay que reconocer el mérito de los responsables políticos y técnicos de este dispositivo. Esta es la cara que luce en la escena internacional: un evento de este tipo sin incidentes. Sin embargo, más allá de los merecidos reconocimientos y distinciones, asaltan al ciudadano algunas cruces y dudas de meritorio esclarecer.
¿Por qué en Barcelona? Quizá la celebración del evento es el resultado de un arduo trabajo de lobi para atraer a la ciudad eventos de este tipo que fue puesto en marcha años atrás y que se concreta ahora, en circunstancias económicas extemporáneas. Quizá es una señal de la importancia de Barcelona para los mercados financieros mundiales. Quizá tocaba por turno rotatorio. Quizá Barcelona se esté especializando en turismo financiero. Quizá…
¿Por qué este costoso despliegue en tiempos de crisis para una reunión de este tamaño? No se trata, que se sepa, de un evento comparable, ni en número de asistentes ni en impacto económico, a una feria de telefonía móvil, una visita del Papa, un partido de fútbol y ni siquiera un congreso de medicina. ¿O sí? En caso afirmativo, convendría establecer cuál es el volumen de negocio generado en la ciudad por tan laborioso y proactivo evento.
Posiblemente, seguro, pesen en la justificación del despliegue policial, y mucho, las imágenes en la prensa internacional de los últimos altercados callejeros acontecidos en la ciudad, que perjudican claramente la marca Barcelona y la marca España. Para superar ese trance, nada mejor que actuar por elevación: cuanto más, mejor. Más policías en la calle, más control en las fronteras, más molestias a los ciudadanos, más calles cortadas, más helicópteros volando. ¿Es posible hacer más con menos, también en seguridad? Todo esto ¿cuánto cuesta? ¿Quién lo paga? ¿Qué gana Barcelona? Estamos en época de recortes, excepto para el BCE, que para tomar decisiones en Barcelona ha precisado aproximadamente de 363,6 policías por cada uno de los 22 miembros de su consejo de gobierno. Barcelona debería pasar factura al BCE.