No hay que ser experto para saber que en todas partes hay menores que tienen cuenta en Facebook y no han cumplido aún los 13 años, que es la edad mínima, en teoría, para entrar en la red social. En la decisión de Mark Zuckerberg de contemplar la entrada de los pequeños en su mundo de millones de amigos hay tan poco de novedad, al menos en la práctica, que los que saben de internet llevan ya tiempo estudiando el fenómeno -el de los niños, los padres y la red social- y ya saben perfectamente lo que hay y ya tienen los cuchillos afilados y las críticas y la lengua a punto para comentar. «Un menor no va a estar nunca sujeto a la cuenta de su padre, como pretende Facebook -dice Víctor Domingo, presidente de la Asociación de Internautas-. De hecho, en este tema Facebook no tiene prácticamente nada que ver. Esta es una cuestión de padres e hijos, de la responsabilidad de los primeros y de la confianza que haya entre ambos. Es lo esencial».
Información publicada en la página 30 de la sección de cv Sociedad de la edición impresa del día 15 de julio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
HAMBRE DE NEGOCIO / Lo que Facebook ha hecho -aparte, claro, de mostrar de nuevo un insaciable apetito de negocio- ha sido sacar a la luz lo que ya existe: los niños son tecnológicos, los niños son precoces, los niños usan la red social; hasta los menores de 13. «El porcentaje de menores de 13 años que usan las redes sociales es hoy en día elevadísimo -explica Charo Sábada, profesora de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra y coautora del estudio Menores y redes sociales (2011)-. La razón es que a partir de los 10 u 11 años los niños sienten la necesidad de separarse de los grupos de referencia habituales, los padres, los tíos, los profesores, y hoy, en el siglo XXI, tienen un instrumento tecnólogico que les permite hacer eso y cultivar su propio grupo de referencia en tiempo real, en su ordenador y, además, gratis. Antes eran las eternas llamadas telefónicas, las cartas, las notitas en clase. Hoy es internet».
El nuevo soporte de la emancipación temprana, en otras palabras; algo que, bien por resignación, bien por comprensión, la mayor parte de los padres consienten. «La mayor no tiene Facebook por elección propia -dice Rosa Zaborras, bibliotecaria de Barcelona-. Pero la pequeña, que tiene 14 años, pidió permiso hace dos y abrió su propia cuenta para relacionarse con gente del mundo del cómic, porque ella dibuja. En principio era para eso, y sigue siendo para lo que más lo usa». Dice que su hija, Elizabeth, siempre ha sido amiga suya en Facebook, y que carece de maldad, y que jamás la aparta de su vida en la red.
«Ella a veces al salir no cierra el usuario, y entonces yo entro -me sabe mal decirlo, pero es así- para controlar. Miro los amigos que tiene y si le escriben mucho le pregunto: 'Oye, este quién es, qué hace, a qué se dedica, de qué lo conoces'. Y ella me explica, sin problema». Rosa dice que lo que más teme son los pederastas.
NIÑOS MADUROS / Porque de eso se habla cuando se habla de niños y de Facebook: de los peligros. Y eso que, según Domingo, «la mayor parte de los menores hacen un uso prudente y cauteloso de las redes sociales. Básicamente, las usan para cultivar el mismo círculo de amistades que tienen en la vida real. Los problemas graves son mínimos». Esquivar los problemas, graves o no, pasa, dice, por que entre los padres y sus hijos haya una relación de confianza, y por mantener un control. «No significa leer sus mensajes. Significa saber dónde están, de dónde vienen y adónde van. Debe haber una confianza mutua. Si no, no hay nada». «Pensamos que lo que se debe hacer es compartir. Hay niños que actúan de forma muy madura y otros no, depende de cada familia», explica Miguel Pérez Subías, presidente de la Asociación de Usuarios de Internet.
CON NORMAS / No es fácil, sin embargo, que todo funcione según el manual. Yolanda Griñán, de 38 años, y su hijo Jordi, de 8, estuvieron en su día de acuerdo en que el niño abriera una cuenta en Facebook, y luego, por los problemas que hubo, también pactaron que la cerrara. «Bueno, cerrarla, no, porque está activa, pero ya no entra -dice ella-. Lo que pasó fue que cuando las conversaciones empezaron a subir de tono y se empezó a cruzar insultos con los amigos, decidí que no tenía sentido, que para eso no iba a dejar que tuviera Facebook. ¿Para insultarse? Se lo dije y él estuvo de acuerdo». Pero es consciente, Yolanda, de que en breve su hijo empieza la ESO, y que entonces deberá ceder. «Entiendo que son herramientas que él va a necesitar. Pero con ciertas normas, eso sí».
En resumen, dice Sábada, «los padres deben ser conscientes de la realidad de sus hijos. Y así como les dices: 'No hables con desconocidos por la calle, cruza por los pasos de cebra, sé amable con la gente', también debes decirles: 'No aceptes desconocidos en el Facebook, sé respetuoso cuando utilices las redes, pide permiso al colgar una foto'».