Han cambiado el Marlboro por el tabaco de liar, se aferran al carnet de socio del Barça como su bien más preciado y están atentos a las últimas novedades tecnológicas, hasta el punto de vender, si hace falta, su Iphone casi nuevo para financiarse el siguiente modelo. Hay cosas a las que muchos no renuncian por mucha crisis que haya. Aunque los presupuestos de casi todos los hogares se han ajustado a las actuales estrecheces económicas, muchas familias mantienen gastos que aunque otras puedan considerar accesorios, ellas valoran como del todo imprescindibles, irrenunciables. Los caprichos y las marcas blancas han aprendido a convivir.
Información publicada en la página 30 de la sección de cv Sociedad de la edición impresa del día 03 de febrero de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
La crisis ha hecho más austeros a los consumidores y les ha ayudado a comprender que algunos de los gastos que ahora han sido recortados eran superfluos. Esos son, en la mayoría de los casos, los que primero han abandonado los presupuestos familiares. ¿Ejemplos? Los reproductores de DVD, las secadoras de ropa, la línea de teléfono fijo...
Aun así es difícil encontrar unanimidad. «Hay personas, en particular señoras, que jamás dejarán de hacerse el tinte en una peluquería, en lugar de hacerlo en casa. Para ellas, eso es una prioridad, les da seguridad», explica Maria Lluïsa Solé, profesora de la facultad de Empresa i Economia de la Universitat de Barcelona (UB) y especialista en consumo. Y aunque «ahora las compras son más racionales que antes de la crisis, es evidente que cada persona mantiene sus propias motivaciones», agrega Solé.
«Hemos renunciado principalmente a los productos y servicios que cubrían las denominadas motivaciones secundarias, es decir, las culturales y las sociales», indica la profesora de la UB. Así, han caído de la lista de gastos familiares la cuota del gimnasio, la suscripción a las televisiones por cable y satélite y los libros, los discos y las revistas. Entre otras razones, porque todos ellos se pueden sustituir por bienes o servicios de características similares y, lo más importante, gratuitos.
BRICOLAJE Y COSTURA / En algunos casos, se ha vuelto a prácticas que los años de bonanza habían dejado en desuso: el bricolaje, la costura y las pequeñas reparaciones domésticas. También se imponen los cafés y los aperitivos a las grandes cenas, con copa incluida. Y, en cuanto a los niños, se han dejado para mejor ocasión actividades extraescolares y vacaciones en casas de colonias.
En el barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) correspondiente al pasado mes de diciembre, el 69,9% de los españoles confesaban que están tratando de ahorrar dinero a base de recortar en actividades de ocio. El 66,1% lo hacen reduciendo o suprimiendo las salidas de vacaciones y el 64,2%, rebajando el gasto en prendas de vestir y calzado. El Instituto Nacional de Estadística (INE) aporta los datos que corroboran la tendencia: entre el 2006 y el 2010, los ciudadanos recortaron en un 5,7% el dinero destinado a hoteles, cafés y restaurantes y un 5,2% el dinero invertido en mobiliario y equipamiento de la vivienda, según datos de la encuesta de presupuestos familiares que elabora el organismo público. El presupuesto para actividades de ocio cayó un 3,7%, un porcentaje ligeramente superior a la reducción global de los gastos familiares, que en estos cuatro años se contrajeron en un 3,1%.
PRODUCTOS BÁSICOS / Las motivaciones primarias, las que atañen a las necesidades físicas y psicológicas, se han adaptado a los nuevos tiempos. Nadie (salvo casos extremos) ha dejado de comprar alimentos por la crisis, pero sí los compra más baratos. El presupuesto destinado a la cesta de la compra se ha comprimido, según la misma encuesta del INE, de los 4.543 euros del 2007 a 4.278 en el 2010. En buena parte, por el estallido de las marcas blancas.
La crisis nos ha convertido en «consumidores híbridos», afirma Josep Francesc Valls, profesor de márketing en Esade. Por ejemplo en alimentación: «Mientras en algunos productos, como las galletas, se han impuesto claramente las marcas blancas, en otros, como los yogures, seguimos optando por primeras marcas», detalla Valls. El dato ilustrativo lo tiene, en este caso, la consultora Pricewaterhouse Coopers (PwC), que ha detectado que «un 40% de las clases medias y altas consume leche barata, y, en cambio, casi un 60% de los consumidores con rentas bajas compra champú con un precio superior a la media del mercado», según un estudio de febrero del 2011.
HÁBITOS DE POR VIDA / En el cuarto año ya de la crisis económica, los hábitos de consumo se han modificado de tal manera que, una vez pasada la recesión, ya no volverán a ser los mismos, afirman los expertos. Las encuestas que están haciendo las empresas que venden bienes de consumo dicen que mantendremos muchos de los hábitos ahora adquiridos y que solo estaremos dispuestos a volver a pagar precios más elevados por algunos alimentos frescos (como carnes, frutas y verduras) y por algunos de esos productos de ocio a los que ahora hemos renunciado y cuya alternativa no es de igual calidad o no sale gratis.
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