Luis es mexicano y cuando llegó a España se encontró con una realidad muy chocante. «La situación de las personas mayores es muy diferente. Aquí los ancianos viven solos y lejos de sus hijos. Allí, en cambio, viven con las familias hasta que fallecen. Vi una necesidad que cubrir», explica.
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Por ello, Luis se puso en contacto con Amics de la Gent Gran, una entidad que lucha sobre todo contra la situación de soledad en la que viven muchos mayores. Después de una entrevista y un curso, empezó a colaborar con la asociación visitando a un anciano: «Voy una vez por semana a ver a Alfonso. El primer día que fui iba descuidado, sin afeitar y sin arreglar. Visita tras visita noto que le gusta que vaya, que me espera con ilusión, y ahora se arregla e incluso tiene algo de beber preparado».
Luis y Alfonso charlan, se explican lo que han hecho en los últimos días o lo que hicieron durante los años pasados, y así pasan la tarde. De lo que más contento está Luis es del «cambio positivo» del anciano: «Que esté pendiente de mi llegada, cuando antes pasaba bastante, ya es mucho», relata el voluntario.
«Es una experiencia muy buena. Te cambia como persona, y por eso es muy recomendable», según Herrera, quien añade que «más hombres deberían apuntarse al voluntariado». En lo que no ha encontrado diferencia es en que en ambos países, México y España, «la mujer tradicionalmente es más empática, tiene la capacidad de entender los problemas de otros y de escucharlos sin meterse, sin más».
Por ello quizá, reflexiona, hay más mujeres que se apuntan al voluntariado o se encuentran más cómodas en tareas de ayuda que los hombres. «Pero yo estoy bien y me está gustando mucho. Y cada vez somos más», concluye.