El Periódico

Català de l'Any 2016

EL AUGE DE UN ESTUPEFACIENTE

Nebulosa en el club cannábico

Salut no despeja muchas de las incógnitas de las entidades catalanas de autoconsumo

VÍCTOR VARGAS LLAMAS / BARCELONA

Domingo, 9 de noviembre del 2014

Uso recreativo 8Un socio del club La Maca disfruta de un porro.

El Departament de Salut ha presentado ante el Parlament una propuesta de resolución para «orientar» a las asociaciones cannábicas de Catalunya. Se trata de recomendaciones no vinculantes, por lo que las entidades tienen la potestad de decidir si se acogen a este protocolo. No obstante, se trata de la primera referencia para el gremio en Catalunya, cuya realidad está condicionada por un limbo jurídico y administrativo.

AMBIGÜEDAD JURÍDICA

La jurisprudencia no evita un entorno alegal

El Código Penal castiga con penas de 3 a 6 años de prisión cultivar, elaborar o traficar con drogas. Pero lo hace en unos términos lo «suficientemente ambiguos» como para que numerosas sentencias judiciales hayan sentado jurisprudencia a favor de los clubs, según Jaume Xaus, vicepresidente de la Federación de Asociaciones Cannábicas (FAC). Xaus detalla los requisitos para recibir ese aval: «Círculo cerrado de mayores de edad, consumidores previos, que se autoabastecen sin ánimo de lucro».

Un amparo sin la solidez deseada que genera un escenario de «alegalidad y cierta clandestinidad» que no evita muchos juicios, en los que los clubs quedan a expensas de la interpretación del juez.

TRÁMITES BUROCRÁTICOS

Atentos al menor, la publicidad y el humo

Los clubs de autoconsumo deben cumplir con las normas previstas para las entidades genéricas, como presencia de lavabos para ambos sexos y acceso para minusválidos. Las especificidades llegan con «los sistemas de renovación y extracción de aires, el acceso a menores y la prohibición de publicitar el local», detalla David Oriol Mora, presidente de la Asociación Cultural Cannábica THC., que prevé reabrir sus puertas la próxima semana tras el cierre de su local barcelonés en agosto.

Los clubs deben inscribirse en el Registro de derecho y entidades jurídicas de la Generalitat, figurando junto a otras asociaciones de ámbito sociocultural. Las recomendaciones de Salut prevén un registro de asociaciones de personas consumidoras de cannabis en cada municipio. La FAC calcula que hay unas 400 asociaciones de autoconsumo en Catalunya, de las que medio centenar están federadas. Las cifras se elevan a unos 700 clubs en España, con cerca de un centenar de ellos circunscritos a asociaciones.

FUNCIÓN SOCIAL

Uso terapeútico: poco control y minoritario

La FAC dispone de un médico colegiado que controla la evolución y el consumo de los socios que hacen un uso terapéutico de esta sustancia, figura que no es habitual en los clubs. Según la FAC, un 15% de sus socios hacen este uso, minoritario frente a la opción recreativa. Son personas que acuden por iniciativa propia para atenuar los efectos de la quimioterapia y patologias como la fibromialgia, el insomnio y el dolor crónico.

Pese a esta «función social» a la que apela Xaus, considera que debe de ser un desempeño transitorio que debe asumir la sanidad pública. Palabras que ya pronunció en agosto el conseller de Salut, Boi Ruiz, quien mostró su disgusto por los pacientes que se ven abocados a buscar alivio en clubs de autoconsumo. En las recomendaciones de Salut no hay atisbo de regulación a este respecto.

FALTA DE UNIFORMIDAD

Un limbo que atrae al turismo cannábico

Las recomendaciones que ha trasladado Salut a las entidades establecen en 15 los días de carencia que deben transcurrir para aceptar a un nuevo socio, limitan a 8 las horas de apertura del local y fija en 18 años la edad mínima para acceder, entre otras cuestiones. Requisitos que carecen de carácter normativo y que por lo tanto no atienden a «las necesidades de concreción del sector», según Xaus. Una preocupación a la que se suma que la potestad de aspectos como la distancia entre clubs y con centros escolares recaiga en cada ayuntamiento, con la disparidad y el «riesgo discriminatorio que comporta», dice Xaus.

Una potestad reguladora nada uniforme que amenaza con seguir alentando un modelo de turismo cannábico, «un problema de ámbito político», recuerda Xaus, que atizó el debate sobre estos clubs meses atrás, al detectarse la presencia de asociaciones que captaban a visitantes sin aplicar las elementales medidas de prevención y explotando el filón especulativo.

RETOS PENDIENTES

Cultivo y transporte, grandes prioridades

Ángel Benito, presidente de la Federación de Asociaciones Cannábicas Autorreguladas de Catalunya (Fedcac) apunta a la necesidad de regular el cultivo y el transporte, como «grandes retos». «Solo así se controla que la siembra concuerda con la demanda real, sin fines especulativos», dice. Xaus reclama que se extienda «el peritaje de cultivos» y «la obligatoriedad de presentar los libros de control a las administraciones así como reforzar los mecanismos de acceso a los clubs». Medidas a expensas de una regulación efectiva, más allá de un protocolo de buenas prácticas.

Una regulación en la que, apunta Xaus, convendría observar a otros países. Como Uruguay, donde el Gobierno impulsa una ley para controlar el sector de forma transversal, «desde el cultivo a la farmacia», o Ámsterdam, «que paga con la irrupción de mafias errores pasados al no inspeccionar, precisamente, el cultivo y el transporte de cannabis».

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