El Periódico

La plaga de los drones

Los pequeños aparatos voladores se convierten en el regalo estrella de las fiestas y llegan a los niños

Muchos usuarios ignoran las restricciones legales, que prohíben su uso en zonas urbanas y sobre aglomeraciones

La plaga de los drones

EL PERIÓDICO

Silueta de un dron volando sobre una antigua ciudad europea.

Sábado, 2 de enero del 2016 - 16:29 CET

Son cada vez más pequeños y ligeros, han reducido su precio y ha aumentado su potencia y el número de fabricantes. Los drones son ya una moda y uno de los regalos estrella para estas Navidades, según los comercios, que los están presentando como juguetes que pueden usarse como un avión teledirigido pero con la capacidad de captar fotos o vídeos desde perspectivas inéditas. Buscan a un consumidor adulto, tecnológico y de poder adquisitivo alto, pero cada vez llegan a más público, incluso niños. Los expertos advierten sobre las restricciones para su uso, tanto normativas como de sentido común, y alertan sobre sus riesgos.

“Habría que hacer una labor pedagógica sobre cómo usarlos. ¿Pero quién lo va a hacer? Fomento lo tiene en su web pero la gente no se lo mira. ¿Las tiendas? No venderían ni uno… Los muy pequeños no son peligrosos pero con los más grandes hay que ir con cuidado porque pueden provocar accidentes, y se están vendiendo como juguetes”, afirma Andreu Ibáñez, fundador en el 2011 de Lleida Drone, una de las asociaciones catalanas más antiguas sobre estos aparatos.

Drones hay muchos y de muchos tipos y presupuestos, desde los que cuestan unos 30 euros y apenas se elevan del suelo sin cámara, los que tienen cámara y se elevan a unos 100 metros durante unos minutos, a otros que alcanzan los 850 euros y aunque se venden como juguetes, tienen GPS que les permite viajes de dos kilómetros, graban vídeo HD, alcanzan alturas de más de 250 metros y su batería les da una autonomía de casi media hora.

NORMATIVA PROVISIONAL

La normativa española, que data de julio del 2014 y la fija el Ministerio de Fomento a través de la Agencia Española de Seguridad Aérea (AESA), es todavía provisional. La Comisión Europea prepara adecuar la normativa aérea comunitaria teniendo en cuenta los distintos tipos de drones, incluidos los de juguete, informa Silvia Martínez. La norma provisional española, sin embargo, cubre muchos aspectos clave como la prohibición de usarlos en zonas urbanas ni sobre aglomeraciones (parques, playas, conciertos, bodas, manifestaciones, procesiones) y tampoco de noche, aunque muchos llevan luces.  

Aunque se venden como juguetes, algunos tienen GPS que les permite viajes de dos kilómetros y alcanzan alturas de más de 250 metros

Los requisitos son tenerlo siempre a la vista, no elevarlo por encima de 120 metros y usarlo en “zonas adecuadas para ello”, es decir, espacios de vuelo de aeromodelismo o zonas despobladas que no estén cerca de aeropuertos “o donde se pueda poner en peligro a terceros”. Es decir, “ni en el jardín de una casa urbana ni en una calle, ni en una masía si hay gente”, comenta Ibáñez. Además, la AESA recuerda que “los daños que cause el dron son responsabilidad de quien lo maneja”.

Para la AESA, “un dron no es un juguete, es una aeronave” y un “uso indebido” puede recibir una multa de hasta 225.000 euros. La Guardia Urbana de Barcelona, por ejemplo, ha tenido que intervenir al menos amonestando a los usuarios urbanos de drones. Fue notorio el caso de un turista chino que pretendía utilizar uno de estos aparatos para grabar la exhibición castellera de la Mercè en septiembre del 2014. Los agentes le conminaron a guardarlo y a usarlo en mejor ocasión.

Y es que los accidentes de drones son lo más habitual del mundo, aunque muchos no tengan más consecuencia que los daños contra el propio aparato, aunque caigan justo detrás de esquiadores que bajan un slalom. De hecho, en las tiendas de aeromodelismo ya aconsejan comprar al menos unas cuantas hélices de repuesto y unas baterías extra, sobre todo para los modelos de precio bajo y medio. “Las baterías duran unos 7 minutos, y tampoco se pueden ir alternando de forma seguida porque los modelos más sencillos no tienen motores preparados para hacerlos funcionar durante mucho tiempo. No es bueno estresarlos”, explica Cristina Casas, de la tienda Rocafort Aeromodelisme, una de las veteranas de la ciudad.

CAPTAR IMÁGENES

La mayoría de los usos de los drones, al margen de las carreras, están relacionados con la captación de fotos o vídeos con la cámara propia del aparato, la de un móvil o una cámara de acción tipo GoPro, quienes por cierto han anunciado su propio dron para este 2016. “Se puede configurar el dron para que siga al usuario mientras hace deporte, y las imágenes son espectaculares”, explica Josep Antoni Serra, propietario de la tienda Onda Radio. Sin embargo, hay que calcular bien el recorrido porque los drones no tienen detectores de colisión y los cables eléctricos y las ramas no se mueven. También hay vídeos en internet de agresiones de pájaros, sobre todo águilas, a estos aparatos.

La captación de imágenes puede vulnerar la privacidad de otras personas

Pero esta captación de imágenes también puede incurrir en vulneración de la privacidad de otras personas, porque además se pueden quedar quietos en el aire. Así, las autoridades europeas de protección de datos han pedido que se controle su uso en espacios abiertos pero considerados privados, como las terrazas y los patios interiores.  

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