Cuando las cosas van mal, las personas se unen para arrimar el hombro. En los últimos años el número de voluntarios de las entidades sociales ha ido aumentando al mismo ritmo que la importancia de su labor. Los hay jóvenes, mayores y de mediana edad, algunos esporádicos y otros constantes, y en un buen número de las principales entidades barcelonesas entre un 50% y el 75% comparten un rasgo: son mujeres. De hecho, el perfil que caracteriza al sector del asociacionismo y el voluntariado, según una encuesta de xarxanet.org, es el de una mujer de entre 20 y 40 años.
«Tiene que ver mucho con el papel social de la mujer, siempre asociada al rol de cuidadora que vive por los demás. En la mente de las mujeres pesa un largo recorrido histórico de patriarcado reforzado por las instituciones. Y son capaces de renunciar a una parte de su tiempo para cederla a los demás, a la sociedad. En cambio, el hombre está educado como aportador de recursos», explica la socióloga Rosa Maria Garriga.
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