Pere Vilanova
No estamos ante un problema bilateral entre España y Marruecos. Un problema lo es, seguro, pero en esta obra hay más actores que espectadores. Por ejemplo, España, la Unión Europea, Marruecos, los países de origen de los inmigrantes irregulares, organizaciones humanitarias y, sobre todo, los propios inmigrantes. Luego, los parámetros de lectura, que son varios y poco compatibles entre sí. Mucha gente puede creer de buena fe que la solución mágica será alguna cláusula jurídica que por sí sola resuelva el problema. En este tipo de situaciones, el derecho aparece al principio y al final, y en ocasiones de modo imprevisto durante la crisis, pero no hay solución mágica.
Información publicada en la página 2 de la sección de Tema del día de la edición impresa del día 04 de septiembre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Para empezar, parte del problema es que España conserva varias plazas de soberanía en la costa marroquí, lo que se deriva de las cláusulas de descolonización de 1956 aplicadas al llamado protectorado español. Pero no, por ejemplo, a la parte de Marruecos que fue protectorado francés, ni a territorios como Ifni ni -para rizar el rizo- a la famosa (en el 2002) isla de Perejil, que resulta que Marruecos reclama pero que no es de titularidad española: no está en la lista de plazas de soberanía pactadas en su día. La verdad es que no es -jurídicamente- de nadie porque no fue incluida en el tratado de descolonización. Vaya, se les olvidó, y miren la que se armó en el 2002.
Pero como Marruecos no reclama formalmente estas plazas (en cambio, sí exige Perejil), quien llega a ellas -legal o ilegalmente- llega a España y a la UE. Y por eso pasa a ser una cuestión española y europea. Es más complicado que lo de Ceuta y Melilla, aunque a escala más pequeña. Y aquí empieza otro problema: a la espera de cualquier otra solución jurídica española o europea, al menos en el aspecto humanitario la obligación de asistencia recae en el Gobierno de España. Una pesadilla para cualquier Ejecutivo y que desde el punto de vista humanitario no se puede tratar a la ligera. La situación puede enquistarse, incluyendo la asistencia humanitaria de emergencia (lo que se llama asistencia primaria e inmediata: comida, agua, medicinas, etcétera), y aunque de momento las cifras del problema son reducidas, es una pésima noticia. La UE, por su parte, considera que las condiciones jurídicas de gestión de inmigrantes irregulares son de los estados miembros.
Pero legalismos aparte, es bien sabido que, como pasó durante años en el campo -¿de reclusión? ¿de acogida?- francés de Pas de Calais con miles de inmigrantes que querían ir al Reino Unido, una vez los simpapeles están en tu territorio el problema se enquista en tu territorio. Súmenle algún reportaje dramático o algún incidente serio y todo se multiplicará exponencialmente. Naturalmente, Marruecos podría hacer más -como ha hecho con Ceuta y Melilla de modo claro--, pero ¿a cambio de qué? Diplomacia entre gobiernos, ayuda humanitaria, las oenegés arremangándose como siempre (y con sus fondos recortados), mala conciencia para todos y más miseria a la caída de la noche.